Por Claudia María Castro
“Rechazamos entonces la ideología que considera la tierra únicamente como una mercancía. Observamos con preocupación que las políticas agrarias dominantes e implementadas en el marco del neoliberalismo, pretenden cada vez más sustituir la Reforma Agraria por el mecanismo del mercado de tierras.” (Declaración de San Pedro Sula, 1er Encuentro Internacional de los Campesinos y Campesinas sin Tierra, Julio de 2000).
Creo que no soy la única habitante de estas Honduras que se vio movida, contrariada, perpleja y conmocionada por los sucesos de la semana anterior en que los campesinos cafetaleros y la policía se enfrentaron salvajemente. Quiero en esta ocasión, referirme al campesinado y sus causas. La policía y las suyas creo que pueden ser el enfoque de un comentario posterior. Y aclaro, me referiré al campesinado y no a los grandes terratenientes de la industria del Café, ya que sus luchas no son las mismas, aunque estos últimos quieran hacer ver a unos y a otros que las comparten. Tampoco incluyo acá a los dirigentes cafetaleros que por si mismos forman una clase sui generis, ni al hecho que dicha demostración haya sido desarrollada cuando el mundo tenía los ojos puestos en Honduras.
Lo que pudimos ver en los diferentes medios de comunicación no es más que la última expresión de desesperación de un grupo de trabajadores de la tierra que no ven tabla de salvación frente a una multiplicidad de causas que solo traen un efecto: la pobreza. Esta ya no es ni siquiera inminente, sino real y aplanadora. Y si vemos un poco más allá, entenderíamos que esta situación no solo encuadra a los campesinos del café, si no que a todos, independientemente del rubro al que se dediquen, y que pueden empezar a demostrar en las mismas o peores circunstancias.
En Honduras, a pesar de que el sector agrícola sigue siendo el proveedor más importante en términos económicos, los gobiernos a lo largo del tiempo han fallado en reconocer la prioridad que este rubro representa en términos de soberanía y seguridad (sobre todo seguridad alimentaria) dando trato preferencial a las multinacionales nuevas y de siempre, consiguiendo siempre ignorar que lo que se logra es masificar el éxodo rural y la inundación de la miseria. No existen políticas agrarias definidas que formen parte de un plan nacional de desarrollo sostenible con trasfondo social. De ahí las protestas. (A veces creo que hay que ser decididamente obvia ya que parece ser que los actores de estos dramas no ven lo que yo veo). Nuestra precaria situación alimentaria se ha visto agravada con las sequías de los últimos años, sumadas con las aún tangibles consecuencias del Mitch. ¿O es que se nos olvida la hambruna que se ha visto en el sur?
El derecho a alimentarse es un derecho de todos los hombres, pero además conlleva un derecho anexo –o varios- entre ellos el derecho a la tierra. Los demás para ser más específicos son los de acceso a la tecnología, a la capacitación, a insumos, al agua, a la semilla, al crédito, etc.
En la última Cumbre Mundial de Alimentación, los presidentes de todos los países participantes acordaron implementar programas de reforma agraria como elemento esencial para combatir la pobreza. En nuestro país, el proceso de la Reforma Agraria ha ido desvirtuándose pues los campesino beneficiarios prefieren vender las tierras que les han sido tituladas en lugar de desarrollarlas. ¿Usted los culparía? Yo no. Esto no es más que una directa consecuencia de la implantación de prácticas neo-liberales que han convertido la tierra en un bien de consumo y no de producción, tal y como lo declaran nuestros amigos sin tierra. Parece ser que estamos destinados a seguir con ese ya acostumbrado servilismo lastimero todas las políticas de ajuste recetadas por las instituciones internacionales de crédito.
Cuando la tierra deja de ser de quien la trabaja para ser de quien puede comprarla, se convierte en la gota que puede derramar el vaso en la tambaleante y cada vez más grande brecha entre ricos y pobres.
El sector agrícola merece un trato distinto tanto en las políticas nacionales como en los tratados regionales que negocia el gobierno tales como el ALCA (aunque estas deberían de no continuar a mi gusto), y estar excluidas de toda formula de intermediación que sea planteada dentro del Plan Puebla-Panamá.
Ahora, en lo que respecta a las turbas demostrantes, creo que la violencia no es la solución. Más aún, la violencia sólo engendra violencia, y para muestra un botón. La democracia (y no me refiero a la eleccionaria) se vive y demuestra a través de la convergencia y el dialogo, a través del respeto de nuestro acuerdos y nuestros derechos, a través del respeto a las instituciones y a las personas. En países como el nuestro, desgraciadamente el Estado no está en capacidad de resolver todos los problemas que nos aquejan a nuestro gusto, es por eso que no podemos pretender solamente estirar la mano y pedir el pan nuestro. Antes de llegar a situaciones extremas, creo que debemos hacer una análisis consciente que nos lleve a concluir qué es lo que ofrecemos a cambio de lo que exigimos, o mejor aún, que damos o ponemos de antemano para que sea completado por el gobierno. Basta ya de ser limosneros y con garrote.
Mejor busquemos soluciones, y todos, tanto actores como lectores, son bienvenidos a este ejercicio. Yo propongo la primera: Cuando viví en Alemania, una de mis principales inquietudes estaba relacionada a la forma en que el pueblo alemán pudo salir tan rápidamente de la miseria de la post-guerra. Es cierto que recibieron mucha ayuda de los gobiernos aliados (nosotros la recibimos de los gobiernos amigos), pero imperó algo vital: el deseo de salir adelante por si mismos. ¿Cuál fue una de sus primeras acciones para que no murieran de hambre los sobrevivientes? Cada quien hizo de su jardín un huerto. ¿Si ellos lo lograron en medio de la catástrofe y con un clima inclemente durante el invierno, por que no podremos nosotros en medio de esta exuberante naturaleza?
Así que los invito a todos a seguir luchando por el pan o la tortilla, pero por nosotros mismos, en nuestro jardín, sin violencias ni mediocridad por un lado, y sin aprovechamiento ni explotación por el otro.
"You have one dimension too many to accept this life." Bienvenidos al Blog de Claudia María Castro Valle
jueves, 4 de septiembre de 2008
LA LUCHA POR EL PAN O LA TORTILLA
Etiquetas:
ALCA,
alimento,
Campesinos,
desarrollo sostenible,
hambruna,
Honduras,
neoliberalismo,
Plan Puebla Panamá,
policía,
protesta,
Reforma Agraria,
sector agrícola,
terratenientes,
violencia
DE MIS CARTAS VIRTUALES CON GABRIEL (TERCERA ENTREGA)
Por Claudia María Castro
Ay Gabrielito... lamento escribirte tan tarde esta vez, pero esperá que te cuente y comprenderás el por qué de mi demora.
Debo empezar diciendo que aún no me he hecho del cartero que prometí, todavía debo entregar las cartas yo cruzando el centro de mi Tegucigalpa. Ayer, cuando fui a entregar ésta al buzón me agarró la pelotera. Estaban los maestros de media manifestando nuevamente en los bajos del Congreso. Más que el hecho de que me imposibilitaran el paso, debo decir que me quedé atónita y decidí seguir viendo. Estaban simulando un entierro. Tenían como rehenes a los diputados mientras un séquito de escavadores y lloronas seguían un ataúd en el que supuestamente llevaban a enterrar al estatuto del docente y acusaban a Mayuyo y al Ministro de Educación de su muerte. El espectáculo tenía todos los matices teatrales como para inscribirlo en un festival. Ya ves... acá las expresiones artísticas también van ganado terreno. Aún así, la turba no podía desligarse de sus orígenes y terminamos todos (yo incluida) bailando “El Pirulino”. El público era impresionante, pues entre ellos se encontraban todos los ex vendedores estacionarios, que por obra de la alcaldía regresaron a ser ambulantes... ¡De lo que te has perdido!
Preferí observar este espectáculo y no el otro, transmitido por todos los medios noticiosos. Otto Reich estaba en casa. Fue enviado por George hijo para ir aplastando terreno y facilitar el ya a veces trillado ALCA. Sermoneó y recomendó a su gusto. Amenazó con una dilatación en la firma del TLC con Centroamérica si Nicaragua y Honduras no se ponían las pilas y arreglaban lo del arancel. Si esa es la condición, entonces que los nicas nos suban los impuestos al 140%. De todas formas, que tiene pagar de más allá, si acá la corrupción sigue en aumento. El famoso informa de Transparencia Internacional nos sitúa en el septuagésimo primer renglón. Pero no debemos estar tan tristes, todavía nos quedan seis países latinoamericanos que derrotar. Tal vez lo logremos antes que llegar al mundial...
Es así como rompí la pequeña tarjetita que te enviaba y me senté a redactarte el cuento. Antes de que se me olvide, ¡Gracias por las plantas! Se las he dado a mi madre para que las cultive.
Hoy todo amaneció revuelto: la Universidad Pedagógica también se fue a la huelga magisterial. No están de acuerdo con la táctica de los maestros de media, pero igual los acompañan en el paro. ¡Ya hasta las excusas nos faltan para dejar de laborar! Por su parte los motoristas del transporte urbano han amenazado con quemar los buses...creo que mejor voy reparando la bici... solo que en estas cuestas... ni te digo. Lo mejor de todo es lo que estoy por contarte: La excelentísima señora Gobernadora de este departamento está por iniciar una “cacería” de brujas, hechiceros y quirománticos. Diz’que por que estafan al pueblo. Me pregunto yo: ¿Incluirá a todos aquellos otros que con artificios más “divinos” se roban los diezmos? ¿O a los otros más que sin artificio alguno se los embolsan desde las arcas del pueblo?
Por hoy te dejo, la cocina me llama. Pero no te preocupés Gabriel, si no es por carta será por Internet que nos estaremos comunicando. Aún y con todas estas revolucas cotidianas en mis Honduras de sentimiento, me siento segura... Halcón 1 ronda los cielos...
Besitos a los niños y a vos.
Ay Gabrielito... lamento escribirte tan tarde esta vez, pero esperá que te cuente y comprenderás el por qué de mi demora.
Debo empezar diciendo que aún no me he hecho del cartero que prometí, todavía debo entregar las cartas yo cruzando el centro de mi Tegucigalpa. Ayer, cuando fui a entregar ésta al buzón me agarró la pelotera. Estaban los maestros de media manifestando nuevamente en los bajos del Congreso. Más que el hecho de que me imposibilitaran el paso, debo decir que me quedé atónita y decidí seguir viendo. Estaban simulando un entierro. Tenían como rehenes a los diputados mientras un séquito de escavadores y lloronas seguían un ataúd en el que supuestamente llevaban a enterrar al estatuto del docente y acusaban a Mayuyo y al Ministro de Educación de su muerte. El espectáculo tenía todos los matices teatrales como para inscribirlo en un festival. Ya ves... acá las expresiones artísticas también van ganado terreno. Aún así, la turba no podía desligarse de sus orígenes y terminamos todos (yo incluida) bailando “El Pirulino”. El público era impresionante, pues entre ellos se encontraban todos los ex vendedores estacionarios, que por obra de la alcaldía regresaron a ser ambulantes... ¡De lo que te has perdido!
Preferí observar este espectáculo y no el otro, transmitido por todos los medios noticiosos. Otto Reich estaba en casa. Fue enviado por George hijo para ir aplastando terreno y facilitar el ya a veces trillado ALCA. Sermoneó y recomendó a su gusto. Amenazó con una dilatación en la firma del TLC con Centroamérica si Nicaragua y Honduras no se ponían las pilas y arreglaban lo del arancel. Si esa es la condición, entonces que los nicas nos suban los impuestos al 140%. De todas formas, que tiene pagar de más allá, si acá la corrupción sigue en aumento. El famoso informa de Transparencia Internacional nos sitúa en el septuagésimo primer renglón. Pero no debemos estar tan tristes, todavía nos quedan seis países latinoamericanos que derrotar. Tal vez lo logremos antes que llegar al mundial...
Es así como rompí la pequeña tarjetita que te enviaba y me senté a redactarte el cuento. Antes de que se me olvide, ¡Gracias por las plantas! Se las he dado a mi madre para que las cultive.
Hoy todo amaneció revuelto: la Universidad Pedagógica también se fue a la huelga magisterial. No están de acuerdo con la táctica de los maestros de media, pero igual los acompañan en el paro. ¡Ya hasta las excusas nos faltan para dejar de laborar! Por su parte los motoristas del transporte urbano han amenazado con quemar los buses...creo que mejor voy reparando la bici... solo que en estas cuestas... ni te digo. Lo mejor de todo es lo que estoy por contarte: La excelentísima señora Gobernadora de este departamento está por iniciar una “cacería” de brujas, hechiceros y quirománticos. Diz’que por que estafan al pueblo. Me pregunto yo: ¿Incluirá a todos aquellos otros que con artificios más “divinos” se roban los diezmos? ¿O a los otros más que sin artificio alguno se los embolsan desde las arcas del pueblo?
Por hoy te dejo, la cocina me llama. Pero no te preocupés Gabriel, si no es por carta será por Internet que nos estaremos comunicando. Aún y con todas estas revolucas cotidianas en mis Honduras de sentimiento, me siento segura... Halcón 1 ronda los cielos...
Besitos a los niños y a vos.
DE MIS CARTAS VIRTUALES CON GABRIEL (SEGUNDA ENTREGA)
Claudia María Castro
Hola Gabriel, de nuevo a tus ordenes.
Los números que contás de la Argentina se van asemejando mucho a los de por acá. Incluso he leído que ahora se están dando los secuestros. Podríamos enviarles unos cuantos de nuestros agentes de investigación. Ellos podrían ir enseñándoles a los gauchos todo aquello que no debe hacerse en casos como estos. La verdad Gabriel es que así como los amigos del bíblico Job, más vale sentarse a llorar a la par de los argentinos tratando de entender lo que viven, que decir sin sentidos tales como "La esperanza es lo último que se pierde", o "No hay mal que por bien no venga" o el peor de todos "No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista".
Aunque como dije antes, acá la situación macro es muy similar, debemos admitir que los que están bien lo siguen estando, los que tenemos para defendernos nos defendemos y los que jamás conocieron tiempos mejores ni se dan cuenta de lo que les faltó. Ahí es donde radica la diferencia... y de ahí nuestro tercermundismo: de esa inmutable pasividad que nos define y nos
arrastra. Y esa pasividad es obvia en todos los campos: desde 1999 que Nicaragua ha impuesto un arancel del 35% a nuestras importaciones y el gobierno de Honduras no ha hecho nada. Pero los mucos apenas oyen rumores de una respuesta similar de nuestra parte y saltan de inmediato a poner la queja en la OMC, y de nuevo... mejor decidimos no hacer nada.
Y bienaventurados aquellos que emigran, de ellos serán las nuevas tierras. Los demás estamos apenas obligados a echarnos el costal a la espalda y seguir sudando para ver si algún día O'Neil o cualquiera de estos santos decide bajar el dedo... (ya que San Juan aún no despierta de su letargo). De todas formas, ahora en Plan Puebla Panamá dis’ que ofrece protección para nuestros aventurados inmigrantes. Nuestros “benefactores” mexicanos han propuesto crear un mega consulado para proteger sus derechos a cambio de que Centroamérica abra sus fronteras y ellos puedan echar manos al botín antes que sus vecinos norteamericanos.
Me sorprende sí, leerte aseverando un regreso a la identidad propia. Acá seguimos rezando el credo del consumismo y la enajenación, por que así en la tierra como en el cielo, el gringo es el que nos da el pan de cada día, tanto así que de despedida, han querido nombrar ciudadano predilecto al embajador Almaguer. Pero mejor dejo este desencanto de lo institucionalizado para otro momento.
Envídiote sí el saberte publicado. Me encantaría probar suerte en ese ámbito, pero acá es gastar pólvora en zopilote. No es tanto el que cueste ser publicado, si no que después no hay quien te lea. Triste lo de nosotros, no es cierto?
Me resta nada más decir que la alegría de la comunicación es compartida. Acá tenés una fiel lectora que te estará de vez en cuando molestando...
Un beso...
Hola Gabriel, de nuevo a tus ordenes.
Los números que contás de la Argentina se van asemejando mucho a los de por acá. Incluso he leído que ahora se están dando los secuestros. Podríamos enviarles unos cuantos de nuestros agentes de investigación. Ellos podrían ir enseñándoles a los gauchos todo aquello que no debe hacerse en casos como estos. La verdad Gabriel es que así como los amigos del bíblico Job, más vale sentarse a llorar a la par de los argentinos tratando de entender lo que viven, que decir sin sentidos tales como "La esperanza es lo último que se pierde", o "No hay mal que por bien no venga" o el peor de todos "No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista".
Aunque como dije antes, acá la situación macro es muy similar, debemos admitir que los que están bien lo siguen estando, los que tenemos para defendernos nos defendemos y los que jamás conocieron tiempos mejores ni se dan cuenta de lo que les faltó. Ahí es donde radica la diferencia... y de ahí nuestro tercermundismo: de esa inmutable pasividad que nos define y nos
arrastra. Y esa pasividad es obvia en todos los campos: desde 1999 que Nicaragua ha impuesto un arancel del 35% a nuestras importaciones y el gobierno de Honduras no ha hecho nada. Pero los mucos apenas oyen rumores de una respuesta similar de nuestra parte y saltan de inmediato a poner la queja en la OMC, y de nuevo... mejor decidimos no hacer nada.
Y bienaventurados aquellos que emigran, de ellos serán las nuevas tierras. Los demás estamos apenas obligados a echarnos el costal a la espalda y seguir sudando para ver si algún día O'Neil o cualquiera de estos santos decide bajar el dedo... (ya que San Juan aún no despierta de su letargo). De todas formas, ahora en Plan Puebla Panamá dis’ que ofrece protección para nuestros aventurados inmigrantes. Nuestros “benefactores” mexicanos han propuesto crear un mega consulado para proteger sus derechos a cambio de que Centroamérica abra sus fronteras y ellos puedan echar manos al botín antes que sus vecinos norteamericanos.
Me sorprende sí, leerte aseverando un regreso a la identidad propia. Acá seguimos rezando el credo del consumismo y la enajenación, por que así en la tierra como en el cielo, el gringo es el que nos da el pan de cada día, tanto así que de despedida, han querido nombrar ciudadano predilecto al embajador Almaguer. Pero mejor dejo este desencanto de lo institucionalizado para otro momento.
Envídiote sí el saberte publicado. Me encantaría probar suerte en ese ámbito, pero acá es gastar pólvora en zopilote. No es tanto el que cueste ser publicado, si no que después no hay quien te lea. Triste lo de nosotros, no es cierto?
Me resta nada más decir que la alegría de la comunicación es compartida. Acá tenés una fiel lectora que te estará de vez en cuando molestando...
Un beso...
Maternidad
¡Hola!
Les escribo pues, ahora que no estoy, es la forma más fácil de comunicarles algunas cosas que son trascendentales en mi vida.
Desde hace muchos meses he estado escribiendo un poemario que, después de muchas indecisiones, decidí llamar “Buscándote”. Son alrededor de cuarenta poemas que narran la desesperada necesidad de llenar tantos espacios que han ido quedando vacíos en mi vida al pasar el tiempo, describen la vida que he seguido en el último par de años llenos de desencanto, frustración. Parte de esa frustración y vacío – después de la parte que naturalmente le corresponde a la soledad - se debía a la dificultad que había sido para mi lograr ser madre mientras estuve casada y después, y ante no saber exactamente la razón de esa imposibilidad y sin diagnósticos certeros que me pudieran aclarar el panorama.
Yo siempre supe que ser madre implicaría para mi una felicidad enorme, por ende siempre lo quise, pero a medida que el tiempo pasaba yo iba asumiendo una realidad devastadora: nunca podría sentir la dicha de tener un hijo y verme eternizada en él. Y así pasó el tiempo y fui haciéndome a la idea de que siempre estaría relegada a un plano secundario donde sería eternamente “Tía”, aunque ya había comunicado mi decisión de agotar todas las posibilidades que podrían conferirme la capacidad de la gestación. Parte de esa decisión también la conformaba la maternidad en soltería pues la idea de volverme a casar está totalmente ausente de mis pensamientos.
Al asumir una infertilidad descuidé algunos aspectos básicos en una relación adulta, tales como la planificación familiar o la contracepción. Y la vida me dio una oportunidad dentro de ese descuido. La búsqueda que parecía interminable terminó: hay un pequeñito gestándose en mi vientre. Voy a ser mamá. Desde el momento que pude asimilar los diferente ámbitos de esa realidad soy inmensamente feliz, y por ende agradecida (a la vida y a mis descuidos). Hasta este momento, nunca supe lo inmensa que puede ser la felicidad, y lo diferente que es de esa necesidad egocéntrica que vivimos alimentando en nuestras vidas adultas, y de la cual nos quejamos permanentemente por desconocer lo que realmente la conforma. Nunca supe tampoco como mi escala de valores estaba algo desordenada, hasta que pase por la estricta auditoria del instinto materno. Tampoco sentí antes esta sensación de ser y estar completa, de que mi cuerpo no es más que el continente en el que se crea y desarrolla ese grandioso milagro que viene repitiéndose cada vez que un ser es concebido en un vientre.
Voy a ser mamá. Si cada uno de ustedes pudiera saber las veces que soñé con poder hacer tal declaración, sabrían por qué es que hay quienes creemos en el cielo. Sabrían como cualquier logro o triunfo a lo largo de mi camino no es más que polvo que va levantándose ante lo colosal de esta realidad que aún me tiene algo aturdida pero feliz. Hay un pequeñito gestándose en mi. Y ya lo he visto en un ecograma, en muchos de mis sueños, en la mirada de su padre, pero sin ser estas imágenes claras aún, desde ya sé que es lo más bello que tengo, y que la vida me bendijo de la manera más común pero más hermosa.
Pero la vida no solo es infinita en oportunidades y posibilidades, si no que también en bendiciones. Aparte de todas estas que les he contado ya, me dio otra que se ha convertido en la piedra angular de esta experiencia, y es Alfredo. Aunque debo confesar que en un principio no sabía cual sería su reacción ante un embarazo inesperado, no planificado y en la situación tan ambigua de no ser una pareja constituida desde ningún ángulo, me ha demostrado –y cada día más- que la vida tiene extrañas formas de manifestarnos nuestros caminos, y que el hacernos coincidir para ser coparticipes de la paternidad de éste niño tiene muchos significados y nos permite hacer de nuestras existencias experiencias aún más sobradas y enriquecedoras.
Más de una vez he hecho el ejercicio de ubicar mi realidad actual en diversos escenarios: mi adolescencia, todos mis noviazgos, mi matrimonio con Fito, mis relaciones después de mi separación. Puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que ninguno de estos escenarios hubieran podido ofrecerme a mí en lo particular lo que este conjunto de circunstancias ahora me permiten y poder ofrecerle a este pequeñito un ambiente cálido y lleno de amor en el que nacer y crecer. Puedo incluso extenderme un poco más y asegurar, después de ver a Alfredo asumir su rol de padre, que no concibo a nadie más ocupando ese espacio en mi vida y la de nuestro bebé. Su apoyo ha sido incondicional y permanente desde el momento que le di la noticia, y su cariño y atenciones han formado a pasar una parte imprescindible en este proceso.
Alfredo y yo somos dos personalidades totalmente divergentes y por lo tanto complementarias, y ese factor es el que creo va a permitir que nuestro hijo tenga acceso a una forma de vivir y ver el mundo de un modo sumamente amplio y enriquecedor. Y parte de esa amplitud la conforma la forma en que hemos decidido afrontar nuestra situación, y para todos debe estar claro que no hay matrimonio, ni siquiera una vida en pareja a la vista. Preferimos, al menos por ahora, ser los mejores de los amigos y dedicarnos a crear el ambiente idóneo para nosotros y nuestro bebé. Esto no quiere decir que descartemos que en un futuro las cosas cambien, pero queremos que cualquier decisión sea impulsada por una total convicción y no una simple obligación. Pero esto es algo que solo la vida con sus extrañas formas no ayudará a dilucidar, y que solo a nosotros dos nos compete. De momento vivimos y disfrutamos con verdadera intensidad nuestra introducción a la paternidad apoyándonos a crecer como personas mutuamente.
Pero ante tanta felicidad no puedo cegarme tampoco a una realidad que a mí me es ajena, pero sé que a muchos de ustedes afectará, y es esta de las normas y tabúes sociales. Yo siempre he creído que estas normas han sido creadas para persuadir al hombre a comportarse de forma necesaria para alcanzar la armonía con el de al lado y poder así vivir en paz los unos con los otros y crear espacios para la edificación de la felicidad personal; jamás podría aceptarlas como la definición última de lo que está bien y está mal. Pero además, para mí estas normas pueden ser creíbles bajo la premisa de ser acordes con la naturaleza humana. Hemos sido dotados con la capacidad de los sentidos, del habla, del intelecto, y nos han sido dados para permitirnos con su ayuda encontrar por nosotros mismos la felicidad ansiada. Seguramente, si la intención fuera otra diferente al que procurásemos nuestra realización, tampoco hubiéramos sido dotados de albedrío, de libertad. Y haciendo uso de estas facultades, pero sobre todo de mi condición libre, es que no acepto que estas convenciones, con las que yo he elegido no comulgar, puedan empañar de alguna manera todo lo bueno que de presto forma parte de mi vida.
Parafraseando un poco a Galileo Galilei quisiera decir que espero que todo esto se convierta al final en un admirable servicio de mi parte a quienes me rodean, al afinar para mi una pequeña tuba en este inmenso y discordante órgano de cánones e imposiciones sociales; un instrumento en el que, pienso yo, se ve a tantos organistas desgastándose a sí mismos tratando vanamente de poder armonizar perfectamente la felicidad con la farsa social, algo imposible de lograr tomando en cuenta la esencia de dichas imposiciones.
Y aunque parezca que este regalo es solo para mí, en verdad se ha convertido en un regalito para todos aquellos que son importantes para nosotros y que quieren compartir nuestra bendición. Espero entonces que ustedes también se nos unan en esta felicidad desbordante y contagiosa. Todos son bienvenidos.
Hay una frase de Fernando Vallejo que resume un poco mi posición actual ante la vida y dice: “Es que este libro mío yo no lo escribí, ya estaba escrito: simplemente lo he ido cumpliendo página por página sin decidir.” Mi libro es una novela extraordinaria que trato de cumplir siendo auténtica con respecto a mi forma de pensar y de ver la vida, comprometida ante todo conmigo misma, pues no concibo otra forma de proceder.
Besos a todos (y ahora por doble partida),
Claudia
Les escribo pues, ahora que no estoy, es la forma más fácil de comunicarles algunas cosas que son trascendentales en mi vida.
Desde hace muchos meses he estado escribiendo un poemario que, después de muchas indecisiones, decidí llamar “Buscándote”. Son alrededor de cuarenta poemas que narran la desesperada necesidad de llenar tantos espacios que han ido quedando vacíos en mi vida al pasar el tiempo, describen la vida que he seguido en el último par de años llenos de desencanto, frustración. Parte de esa frustración y vacío – después de la parte que naturalmente le corresponde a la soledad - se debía a la dificultad que había sido para mi lograr ser madre mientras estuve casada y después, y ante no saber exactamente la razón de esa imposibilidad y sin diagnósticos certeros que me pudieran aclarar el panorama.
Yo siempre supe que ser madre implicaría para mi una felicidad enorme, por ende siempre lo quise, pero a medida que el tiempo pasaba yo iba asumiendo una realidad devastadora: nunca podría sentir la dicha de tener un hijo y verme eternizada en él. Y así pasó el tiempo y fui haciéndome a la idea de que siempre estaría relegada a un plano secundario donde sería eternamente “Tía”, aunque ya había comunicado mi decisión de agotar todas las posibilidades que podrían conferirme la capacidad de la gestación. Parte de esa decisión también la conformaba la maternidad en soltería pues la idea de volverme a casar está totalmente ausente de mis pensamientos.
Al asumir una infertilidad descuidé algunos aspectos básicos en una relación adulta, tales como la planificación familiar o la contracepción. Y la vida me dio una oportunidad dentro de ese descuido. La búsqueda que parecía interminable terminó: hay un pequeñito gestándose en mi vientre. Voy a ser mamá. Desde el momento que pude asimilar los diferente ámbitos de esa realidad soy inmensamente feliz, y por ende agradecida (a la vida y a mis descuidos). Hasta este momento, nunca supe lo inmensa que puede ser la felicidad, y lo diferente que es de esa necesidad egocéntrica que vivimos alimentando en nuestras vidas adultas, y de la cual nos quejamos permanentemente por desconocer lo que realmente la conforma. Nunca supe tampoco como mi escala de valores estaba algo desordenada, hasta que pase por la estricta auditoria del instinto materno. Tampoco sentí antes esta sensación de ser y estar completa, de que mi cuerpo no es más que el continente en el que se crea y desarrolla ese grandioso milagro que viene repitiéndose cada vez que un ser es concebido en un vientre.
Voy a ser mamá. Si cada uno de ustedes pudiera saber las veces que soñé con poder hacer tal declaración, sabrían por qué es que hay quienes creemos en el cielo. Sabrían como cualquier logro o triunfo a lo largo de mi camino no es más que polvo que va levantándose ante lo colosal de esta realidad que aún me tiene algo aturdida pero feliz. Hay un pequeñito gestándose en mi. Y ya lo he visto en un ecograma, en muchos de mis sueños, en la mirada de su padre, pero sin ser estas imágenes claras aún, desde ya sé que es lo más bello que tengo, y que la vida me bendijo de la manera más común pero más hermosa.
Pero la vida no solo es infinita en oportunidades y posibilidades, si no que también en bendiciones. Aparte de todas estas que les he contado ya, me dio otra que se ha convertido en la piedra angular de esta experiencia, y es Alfredo. Aunque debo confesar que en un principio no sabía cual sería su reacción ante un embarazo inesperado, no planificado y en la situación tan ambigua de no ser una pareja constituida desde ningún ángulo, me ha demostrado –y cada día más- que la vida tiene extrañas formas de manifestarnos nuestros caminos, y que el hacernos coincidir para ser coparticipes de la paternidad de éste niño tiene muchos significados y nos permite hacer de nuestras existencias experiencias aún más sobradas y enriquecedoras.
Más de una vez he hecho el ejercicio de ubicar mi realidad actual en diversos escenarios: mi adolescencia, todos mis noviazgos, mi matrimonio con Fito, mis relaciones después de mi separación. Puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que ninguno de estos escenarios hubieran podido ofrecerme a mí en lo particular lo que este conjunto de circunstancias ahora me permiten y poder ofrecerle a este pequeñito un ambiente cálido y lleno de amor en el que nacer y crecer. Puedo incluso extenderme un poco más y asegurar, después de ver a Alfredo asumir su rol de padre, que no concibo a nadie más ocupando ese espacio en mi vida y la de nuestro bebé. Su apoyo ha sido incondicional y permanente desde el momento que le di la noticia, y su cariño y atenciones han formado a pasar una parte imprescindible en este proceso.
Alfredo y yo somos dos personalidades totalmente divergentes y por lo tanto complementarias, y ese factor es el que creo va a permitir que nuestro hijo tenga acceso a una forma de vivir y ver el mundo de un modo sumamente amplio y enriquecedor. Y parte de esa amplitud la conforma la forma en que hemos decidido afrontar nuestra situación, y para todos debe estar claro que no hay matrimonio, ni siquiera una vida en pareja a la vista. Preferimos, al menos por ahora, ser los mejores de los amigos y dedicarnos a crear el ambiente idóneo para nosotros y nuestro bebé. Esto no quiere decir que descartemos que en un futuro las cosas cambien, pero queremos que cualquier decisión sea impulsada por una total convicción y no una simple obligación. Pero esto es algo que solo la vida con sus extrañas formas no ayudará a dilucidar, y que solo a nosotros dos nos compete. De momento vivimos y disfrutamos con verdadera intensidad nuestra introducción a la paternidad apoyándonos a crecer como personas mutuamente.
Pero ante tanta felicidad no puedo cegarme tampoco a una realidad que a mí me es ajena, pero sé que a muchos de ustedes afectará, y es esta de las normas y tabúes sociales. Yo siempre he creído que estas normas han sido creadas para persuadir al hombre a comportarse de forma necesaria para alcanzar la armonía con el de al lado y poder así vivir en paz los unos con los otros y crear espacios para la edificación de la felicidad personal; jamás podría aceptarlas como la definición última de lo que está bien y está mal. Pero además, para mí estas normas pueden ser creíbles bajo la premisa de ser acordes con la naturaleza humana. Hemos sido dotados con la capacidad de los sentidos, del habla, del intelecto, y nos han sido dados para permitirnos con su ayuda encontrar por nosotros mismos la felicidad ansiada. Seguramente, si la intención fuera otra diferente al que procurásemos nuestra realización, tampoco hubiéramos sido dotados de albedrío, de libertad. Y haciendo uso de estas facultades, pero sobre todo de mi condición libre, es que no acepto que estas convenciones, con las que yo he elegido no comulgar, puedan empañar de alguna manera todo lo bueno que de presto forma parte de mi vida.
Parafraseando un poco a Galileo Galilei quisiera decir que espero que todo esto se convierta al final en un admirable servicio de mi parte a quienes me rodean, al afinar para mi una pequeña tuba en este inmenso y discordante órgano de cánones e imposiciones sociales; un instrumento en el que, pienso yo, se ve a tantos organistas desgastándose a sí mismos tratando vanamente de poder armonizar perfectamente la felicidad con la farsa social, algo imposible de lograr tomando en cuenta la esencia de dichas imposiciones.
Y aunque parezca que este regalo es solo para mí, en verdad se ha convertido en un regalito para todos aquellos que son importantes para nosotros y que quieren compartir nuestra bendición. Espero entonces que ustedes también se nos unan en esta felicidad desbordante y contagiosa. Todos son bienvenidos.
Hay una frase de Fernando Vallejo que resume un poco mi posición actual ante la vida y dice: “Es que este libro mío yo no lo escribí, ya estaba escrito: simplemente lo he ido cumpliendo página por página sin decidir.” Mi libro es una novela extraordinaria que trato de cumplir siendo auténtica con respecto a mi forma de pensar y de ver la vida, comprometida ante todo conmigo misma, pues no concibo otra forma de proceder.
Besos a todos (y ahora por doble partida),
Claudia
De la Abuela Amanda
Hola a todos.
Como es mi costumbre, después de hacer algún viaje, escribo una pequeña crónica para compartir con Ustedes lo vivido. Esta vez, quisiera empezar por un hecho difícilmente narrable que me encontró al llegar a casa. Llamé a mis padres a San Pedro Sula para informar que había regresado bien, sin esperar que ellos me contaran que mi abuela Amanda había muerto. Murió el Domingo 24 a media noche, mientras dormía. Dice mi madre que sin dolor. Eso es algo que nunca sabremos, a menos que tengamos la suerte de encontrarnos en otro espacio después de esta vida, y que con mala suerte, estando allá carguemos aún con la memoria de lo vivido en esta.
La Abuela Amanda es una mujer excepcional. Y sí, digo es, porque el ser no lo define nuestro periplo terrestre, si no más bien la eternidad que duramos en la memoria de los otros, especialmente de aquellos que nos quieren. Y mi elegía comienza al decir que aunque a sus noventa años y padeciendo el maldito Alzheimmer desde otros menos, la Abuela Amanda fue la matrona, aunque no talvez matriarca de mi familia paterna.
Mujer del siglo veinte, vivió como se vivía en su época. En su vivir, vio como de la carreta pasamos al auto, del auto al avión, y –en la tele- del avión al cohete. Salió de su casa familiar siendo aún una adolescente para convertirse en la esposa de mi Abuelo Emilio. Dio a luz a una docena de hijos, y vio convertirse en adultos a diez. Mi padre el menor. Como buena mujer de antaño, esposa y madre, vivó con todas las aristocraciadas que permite una ciudad que aunque pregonaba su abolengo, nunca dejó de ser un poco más que un pueblo con antecedentes históricos. Muy joven enviudó. Se vio forzada a sacar adelante a sus hijos menores, con ayuda de los otros mayores en una ciudad diferente a la suya. Con todas las vicisitudes que la vida puede plantear, y en medio de dos incendios que hicieron que su familia perdiera todo lo que tenía, logro hacerlo. Puedo decir y con mucho orgullo, que sus hijos con todas las debilidades propias de todo ser humano, son hombres y mujeres de bien. No fue académica ni profesional. Fue una mujer de casa, dedicada a su casa. Mis memorias de ella se pierden en la niñez. No recuerdo cuando la conocí, pero si la recuerdo constante. La recuerdo mía... mi abuela. Recuerdo cuando me quedaba a dormir en su casa, cuando me enseñaba a tejer. Cuando caminábamos por el centro de San Pedro (en aquellos tiempos en que aún se podía caminar). La recuerdo con sus fantásticas comidas, propias de occidente, y sus peleas con las empleadas y con la Tía Gloria. Recuerdo su psicosis de que todo se lo robaban... quien no podría entenderlo de una persona que vio desaparecer lo que fu suyo uno y otra vez. Más tarde la recuerdo más abuela que nunca: con su pelo blanco, cuando al fin la convencieron de dejar a un lado el imponente tinte negro azabache que acostumbraba a usar. Recuerdo sus pies perfectos... lo más lindos que nunca vi... y su voz quebrada, que añoraba siempre tiempos pasados e hijos lejanos.
Las ultimas veces que la vi, era ella la que no me recordaba. Recordaba a su Emilio en su memoria retrocedida a tiempos de juventud. Recordaba aún a mi padre siendo un niño. Estaba tan pequeña y frágil. Nunca pensé que no la vería más. Pero así somos todos. Vemos la vida que pasa, y no nos damos cuenta de lo valioso que es cada segundo, y más aún, lo que de ese segundo podemos hacer.
Cuando hablé con mi padre al enterarme de la noticia, no supe que decirle. Nosotros, en nuestra familia, no somos muy dados a expresar cada sentimiento que nos aturde, y en este caso las palabras se tropezaban con los recuerdos y se ahogaban en calladas lágrimas de impotencia de no haber estado acá. Y por que se que mi padre y yo en algo nos parecemos, se también que detrás de esa simple tranquilidad, seguramente sus recuerdos estaban tropezándose con los míos y más allá.
Creo que la descripción de un viaje maravilloso queda para después.
Un beso gigante,
Claudia
Como es mi costumbre, después de hacer algún viaje, escribo una pequeña crónica para compartir con Ustedes lo vivido. Esta vez, quisiera empezar por un hecho difícilmente narrable que me encontró al llegar a casa. Llamé a mis padres a San Pedro Sula para informar que había regresado bien, sin esperar que ellos me contaran que mi abuela Amanda había muerto. Murió el Domingo 24 a media noche, mientras dormía. Dice mi madre que sin dolor. Eso es algo que nunca sabremos, a menos que tengamos la suerte de encontrarnos en otro espacio después de esta vida, y que con mala suerte, estando allá carguemos aún con la memoria de lo vivido en esta.
La Abuela Amanda es una mujer excepcional. Y sí, digo es, porque el ser no lo define nuestro periplo terrestre, si no más bien la eternidad que duramos en la memoria de los otros, especialmente de aquellos que nos quieren. Y mi elegía comienza al decir que aunque a sus noventa años y padeciendo el maldito Alzheimmer desde otros menos, la Abuela Amanda fue la matrona, aunque no talvez matriarca de mi familia paterna.
Mujer del siglo veinte, vivió como se vivía en su época. En su vivir, vio como de la carreta pasamos al auto, del auto al avión, y –en la tele- del avión al cohete. Salió de su casa familiar siendo aún una adolescente para convertirse en la esposa de mi Abuelo Emilio. Dio a luz a una docena de hijos, y vio convertirse en adultos a diez. Mi padre el menor. Como buena mujer de antaño, esposa y madre, vivó con todas las aristocraciadas que permite una ciudad que aunque pregonaba su abolengo, nunca dejó de ser un poco más que un pueblo con antecedentes históricos. Muy joven enviudó. Se vio forzada a sacar adelante a sus hijos menores, con ayuda de los otros mayores en una ciudad diferente a la suya. Con todas las vicisitudes que la vida puede plantear, y en medio de dos incendios que hicieron que su familia perdiera todo lo que tenía, logro hacerlo. Puedo decir y con mucho orgullo, que sus hijos con todas las debilidades propias de todo ser humano, son hombres y mujeres de bien. No fue académica ni profesional. Fue una mujer de casa, dedicada a su casa. Mis memorias de ella se pierden en la niñez. No recuerdo cuando la conocí, pero si la recuerdo constante. La recuerdo mía... mi abuela. Recuerdo cuando me quedaba a dormir en su casa, cuando me enseñaba a tejer. Cuando caminábamos por el centro de San Pedro (en aquellos tiempos en que aún se podía caminar). La recuerdo con sus fantásticas comidas, propias de occidente, y sus peleas con las empleadas y con la Tía Gloria. Recuerdo su psicosis de que todo se lo robaban... quien no podría entenderlo de una persona que vio desaparecer lo que fu suyo uno y otra vez. Más tarde la recuerdo más abuela que nunca: con su pelo blanco, cuando al fin la convencieron de dejar a un lado el imponente tinte negro azabache que acostumbraba a usar. Recuerdo sus pies perfectos... lo más lindos que nunca vi... y su voz quebrada, que añoraba siempre tiempos pasados e hijos lejanos.
Las ultimas veces que la vi, era ella la que no me recordaba. Recordaba a su Emilio en su memoria retrocedida a tiempos de juventud. Recordaba aún a mi padre siendo un niño. Estaba tan pequeña y frágil. Nunca pensé que no la vería más. Pero así somos todos. Vemos la vida que pasa, y no nos damos cuenta de lo valioso que es cada segundo, y más aún, lo que de ese segundo podemos hacer.
Cuando hablé con mi padre al enterarme de la noticia, no supe que decirle. Nosotros, en nuestra familia, no somos muy dados a expresar cada sentimiento que nos aturde, y en este caso las palabras se tropezaban con los recuerdos y se ahogaban en calladas lágrimas de impotencia de no haber estado acá. Y por que se que mi padre y yo en algo nos parecemos, se también que detrás de esa simple tranquilidad, seguramente sus recuerdos estaban tropezándose con los míos y más allá.
Creo que la descripción de un viaje maravilloso queda para después.
Un beso gigante,
Claudia
DELITO DE TRAICIÓN A LA PATRIA
Por Claudia María Castro Valle (claudiacastro@isat2.com )
En el debate acontecido el domingo 14 de agosto, entre los candidatos presidenciales José Manuel Zelaya Rosales del Partido Liberal y Porfirio Lobo Sosa del Partido Nacional, al participar del programa televisivo “30/30” se caracterizó por el mismo intercambio de comentarios ofensivos y falta de propuestas viables y reales. Dentro de todas las necedades expresadas la que quedó resonando potentemente en mi cabeza fue la provocación hecha por Lobo para que se apoyara su propuesta de destituir a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia si estos declaraban inconstitucional el actual artículo 232 del Código Penal, mejor conocida como la “Ley Antimaras”.
El Señor Lobo parece ignorar que estos magistrados están facultados por la Constitución de la República en su artículo 316, donde se deletrean las funciones de la sala de lo constitucional (una de las cuales conforma la Corte en mención).
Además la norma nos explica que “Las sentencias en que se declare la inconstitucionalidad de una norma será de ejecución inmediata y tendrán efectos generales, y por tanto derogarán la norma inconstitucional, debiendo comunicarse al Congreso Nacional, quien la hará publicar en el Diario Oficial La Gaceta”.
Es preocupante repito, porque el Señor Lobo es el representante de uno de los poderes del Estado y esta proposición airada dentro de la demagogia electoral es un concreto atentado contra la estabilidad de otro de estos tres poderes. Claramente la constitución nos explica en su artículo 4 que “La forma de gobierno es republicana, democrática y representativa. Se ejerce por tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, complementarios e independientes y sin relaciones de subordinación. (…)”. Esto quiere simplemente decir que el gobierno es elegido por el pueblo, más específicamente por su mayoría, que aquellos electos deben de actuar en representación de los intereses del pueblo mismo y que la forma de Estado solamente se perfecciona con la existencia de los tres poderes, de los cuales ninguno tiene autoridad sobre el otro, ni admiten intervención alguna de cualquiera de los otros dos tampoco. En el siguiente artículo constitucional se nos sigue explicando sabiamente que el progreso de Honduras está “basado en la estabilidad política y en la conciliación nacional”. En otras palabras, significa que los requisitos sine qua non para salir del subdesarrollo son, primero, que nuestra forma de gobierno se mantenga sin peligro de cambiar, caer o desaparecer; y, que la nación no debe dividirse por ideas o proposiciones opuestas.
El mismo artículo 4 constitucional, que se refiere a la forma de gobierno y a la división tripartita de poderes al que nos referíamos antes, termina diciendo que “La infracción de esta norma constituye delito de traición a la Patria”. Ese delito implica el quebrantamiento alevoso de la Ley atentando contra la seguridad de la patria y del progreso de Honduras. ¿Se merece esto la Patria? ¿No buscamos con cada contienda electoral elegir a los representantes que nos guíen en la ruta del progreso? ¿No queremos salir del subdesarrollo?
En el debate acontecido el domingo 14 de agosto, entre los candidatos presidenciales José Manuel Zelaya Rosales del Partido Liberal y Porfirio Lobo Sosa del Partido Nacional, al participar del programa televisivo “30/30” se caracterizó por el mismo intercambio de comentarios ofensivos y falta de propuestas viables y reales. Dentro de todas las necedades expresadas la que quedó resonando potentemente en mi cabeza fue la provocación hecha por Lobo para que se apoyara su propuesta de destituir a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia si estos declaraban inconstitucional el actual artículo 232 del Código Penal, mejor conocida como la “Ley Antimaras”.
El Señor Lobo parece ignorar que estos magistrados están facultados por la Constitución de la República en su artículo 316, donde se deletrean las funciones de la sala de lo constitucional (una de las cuales conforma la Corte en mención).
Además la norma nos explica que “Las sentencias en que se declare la inconstitucionalidad de una norma será de ejecución inmediata y tendrán efectos generales, y por tanto derogarán la norma inconstitucional, debiendo comunicarse al Congreso Nacional, quien la hará publicar en el Diario Oficial La Gaceta”.
Es preocupante repito, porque el Señor Lobo es el representante de uno de los poderes del Estado y esta proposición airada dentro de la demagogia electoral es un concreto atentado contra la estabilidad de otro de estos tres poderes. Claramente la constitución nos explica en su artículo 4 que “La forma de gobierno es republicana, democrática y representativa. Se ejerce por tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, complementarios e independientes y sin relaciones de subordinación. (…)”. Esto quiere simplemente decir que el gobierno es elegido por el pueblo, más específicamente por su mayoría, que aquellos electos deben de actuar en representación de los intereses del pueblo mismo y que la forma de Estado solamente se perfecciona con la existencia de los tres poderes, de los cuales ninguno tiene autoridad sobre el otro, ni admiten intervención alguna de cualquiera de los otros dos tampoco. En el siguiente artículo constitucional se nos sigue explicando sabiamente que el progreso de Honduras está “basado en la estabilidad política y en la conciliación nacional”. En otras palabras, significa que los requisitos sine qua non para salir del subdesarrollo son, primero, que nuestra forma de gobierno se mantenga sin peligro de cambiar, caer o desaparecer; y, que la nación no debe dividirse por ideas o proposiciones opuestas.
El mismo artículo 4 constitucional, que se refiere a la forma de gobierno y a la división tripartita de poderes al que nos referíamos antes, termina diciendo que “La infracción de esta norma constituye delito de traición a la Patria”. Ese delito implica el quebrantamiento alevoso de la Ley atentando contra la seguridad de la patria y del progreso de Honduras. ¿Se merece esto la Patria? ¿No buscamos con cada contienda electoral elegir a los representantes que nos guíen en la ruta del progreso? ¿No queremos salir del subdesarrollo?
Etiquetas:
constitución,
gobierno,
Honduras,
inconstitucionalidad,
Justicia,
Mel Zelaya,
Partido Liberal,
Partido Nacional,
patría,
Pepe Lobo,
traición
lunes, 1 de septiembre de 2008
¿EXPROPIACION PASIVA?
El 27 de Junio de 2005, el Juez de lo Contencioso Administrativo de San Pedro Sula, condenó al Estado de Honduras a indemnizar al Señor Nicandro Raynel Padilla Martínez la cantidad de L. 5,209,000.00, por considerar que la Administración había expropiado pasivamente a éste de su propiedad, ubicada en las cercanías de Sonaguera, Departamento de Colón. Después de apelar fracasadamente la decisión, se interpuso recurso de Casación ante la Corte Suprema de Justicia, el cual fue declarado sin lugar en noviembre de 2006.
La Gerencia de COHDEFOR se formulaba en Julio de 2007 las siguientes preguntas: ¿Cómo puede hablarse de expropiación cuando parte de la propiedad esta fuera de los límites de la micro- cuenca?¿Cómo puede hablarse de que hubo una expropiación el año 2001 si la propiedad siguió siendo utilizada y sigue titulada a favor del Sr. Nicandro Padilla? Asumo que sus cuestionamientos implicaban que consideraba errónea la decisión judicial, como la considero yo.
Las preguntas arriba planteadas son fáciles de responder, y por lo tanto es fácil de deducir también el error de la resolución judicial- aplicando los principios del Derecho Ambiental, y entendiendo la evolución histórica de la propiedad.
El Derecho a la Protección del Ambiente es un Derecho Humano de tercera generación. Esto implica que no se refiere a derechos civiles y políticos, dirigidos a proteger la libertad, seguridad, propiedad, integridad física y moral de los individuos (derechos de primera generación); ni a derechos sociales, económicos ni culturales, que pretenden el desarrollo de la persona como ser social en igualdad de condiciones que sus congéneres (derechos de segunda generación); sino que recoge diversos aspectos de la vida del hombre en sociedad que ya se encuentran legislados por los derechos de primera y segunda generación pero que es necesario abordar de una manera diferente, para solucionar una serie de conflictos jurídicos que hasta su aparición no habían sido resueltos. De ahí que se denominen los de tercera generación, derechos de síntesis. Nacen para corregir las grandes injusticias que sufre la humanidad, considerándose por lo tanto civilizatorios o civilizadores. Este derecho es regulado por el Derecho Ambiental, una disciplina jurídica omnicomprensiva que regula las conductas humanas que pueden influir relevantemente en la interacción existente entre los sistemas naturales, causando un desequilibrio ecológico.
El Derecho Ambiental surge en el escenario internacional con la Cumbre de Estocolmo en 1972, donde se suscribe la Declaración sobre Medio Ambiente Humano. En la actualidad, Honduras ha ratificado más de 48 convenios y tratados internacionales en materia ambiental y cuenta con más de 50 leyes y reglamentos que tiene consideraciones ambientales, además de la Ley General del Ambiente vigente. Dicha normativa tiene como objeto prevenir la alteración del equilibrio ecológico que pueda ser causada por el consumismo imperante, la falta de planificación o la explotación indiscriminada de recursos, sin querer con esto, obstaculizar el desarrollo económico y social. De ahí que uno de los principios que informe al derecho Ambiental sea el del Desarrollo Sustentable, el cual se basa en dos ejes: fomentar el desarrollo y el progreso social, preservando el medio ambiente y el sistema natural. El Desarrollo Sustentable busca satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades.
Otros principios que informan a esta rama jurídica son el Preventivo y el Precautorio. El primero implica que el Estado de Honduras debe tomar todas las precauciones necesarias para no generar las causas de posibles problemas ambientales a través de acciones preventivas y correctivas. Supone que dentro de sus políticas públicas, habrá preferencia para aquellas de gestión ambiental que reduce las posibilidades de contaminación aún antes de que ésta ocurra, pues prevenir es más barato que reparar. El mecanismo idóneo con el que cuenta el Estado es la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) que implementa SERNA, ya que a través de métodos científicos es posible medir los riesgos ambientales y recomendar las medidas adecuadas para su manejo. El principio Precautorio establece que ante cualquier duda técnica o científica sobre la calidad contaminante de cualquier actividad, existe la obligación para el actor de probar que puede garantizar todas las medidas de mitigación. La obligación nace de la incapacidad actual de la ciencia y la técnica para determinar ciertos riesgos de contaminación con suficiente certeza, aún y cuando los efectos potencialmente peligrosos hayan sido identificados. Con ello, se pretende anticipar y evitar daños ambientales antes de que estos ocurran.
Ahora, sobre la evolución histórica del derecho de propiedad, debemos empezar por hablar sobre la concepción unívoca o monista que existe desde el derecho romano, que la reconoce como un derecho real pleno e ilimitado, por el que el hombre ejerce un poder de imperio sobre sus bienes. Este concepto se vio fortalecido con la Revolución Francesa, incorporándose jurídicamente en el Código Napoleónico de 1804. Persistió hasta principios del siglo XX como parte de la estructura del Estado Liberal que se caracterizó por ser la cuna del Capitalismo, las desigualdades sociales y la explotación del hombre por el hombre. Como respuesta al Estado Liberal, aparece el concepto del Estado Social o Derecho, cuyos principios se ven reivindicados en las constituciones de Querétaro de 1917, de la República Socialista Federal Rusa de 1918 y la de Weimar de 1919. Estas constituciones son las primeras en incorporar los derechos de segunda generación antes descritos, tal como los contiene nuestra Carta Magna.
Aparece en este contexto del Estado Social o de Derecho, con relación a la propiedad, una concepción pluralista, por medio de la cual ese derecho de dominio pleno e ilimitado se ve restringido en razón de su destino, asignándole una función social, por la que el propietario ya no sólo tiene derechos sobre sus bienes, sino que se le confieren obligaciones para poder disfrutarlos. De hecho, la Constitución Hondureña, establece en su artículo 61 que “garantiza a los hondureños y extranjeros residentes en el país, el derecho a la inviolabilidad de la vida, a la seguridad individual, a la libertad, a la igualdad ante la ley y a la propiedad”, y en el 103, que “el Estado reconoce, fomenta y garantiza la existencia de la propiedad privada en su más amplio concepto de función social y sin más limitaciones que aquellas que por motivos de necesidad o de interés publico establezca la ley”. Y va más lejos aún, asegurando en el siguiente artículo (104) que “el derecho de la propiedad no perjudica el dominio eminente del Estado”. La función social de la propiedad se refiere a la utilidad social que esta tenga y a su naturaleza productiva.
Esa nueva forma de entender dicha institución es lo que desencadena la existencia de formas especiales de propiedad, porque empiezan no sólo a ser vitales para garantizar derechos sociales, sino que los económicos también. Nuestra constitución reconoce esa realidad al afirmar en su artículo 330 que “la economía nacional se sustenta en la coexistencia democrática y armónica de diversas formas de propiedad y de empresa”. La propiedad agraria, la propiedad intelectual, la propiedad urbanística, son de esas formas especiales. La propiedad agraria, por ejemplo, le otorga al fundo, en relación a su naturaleza, una característica adicional, que es la productiva; y sustenta el derecho de dominio que tiene el propietario, sobre su obligación de ejercer continuamente una explotación económica, efectiva y racional del fundo, siendo posible la expropiación cuando las tierras se mantienen ociosas. Es así como, limitando el derecho de dominio, la propiedad agraria cumple con sus funciones económica y social. La propiedad urbanística también implica limitaciones al ejercicio del derecho de dominio, pues clasifica los fundos como rurales, urbanos, industriales, etc. de acuerdo a las políticas de ordenamiento territorial. Limita el ejercicio de la propiedad en tanto impone una serie de servidumbres prediales/vecinales y restringe los fundos a usos determinados de carácter obligatorio.
Con el reconocimiento del Estado de Honduras del derecho a la protección del ambiente, supone que ahora la propiedad no tiene solamente una función económica y social, sino que también una función ambiental. Esto significa que se impondrán restricciones al ejercicio del derecho de propiedad para asegurar la conservación, protección y explotación racional de los recursos, tanto para beneficio de sus propietarios, como de la sociedad en general, para el disfrute de las generaciones presentes y futuras. ¿Y cuáles son esos beneficios? Pues los servicios que brindan los ecosistemas existentes en esos predios. Dicha función implica que hay limitaciones al derecho real de dominio sobre aquellos fundos donde haya ecosistemas que proteger, ya sea para la investigación científica o para la extracción de recursos naturales en forma sostenible, teniendo siempre como prioridad que cualquier forma de explotación permita la regeneración de los elementos ambientales de forma natural.
Dentro de esta forma de propiedad encontramos la propiedad forestal, que impone limitantes sobre el ejercicio del dominio a aquellos terrenos con aptitud forestal destinándolos para dos usos exclusivamente: la total protección de los recursos en ellos existente, o a la extracción de especies maderables a través de planes de manejo. Igual que para los demás tipos de propiedad, estás limitaciones están impuestas por la ley; pero jamás podrán considerarse expropiación, y por lo tanto el Estado no tiene obligación de indemnizar el justiprecio de dichos fundos, pues no se está privando a nadie de su derecho de propiedad, como lo enuncia el artículo 106 constitucional. Simplemente se imponen restricciones necesarias, sustentadas en derecho, que permitan que los fundos cumplan con su función ahora sí que social, económica y ambiental. Tan es así que en muchas comunidades de Honduras, para poder cumplir a cabalidad con esas tres dimensiones de la propiedad se están implementando ya programas de pago por servicios ambientales, que consisten en una compensación directa que se paga a los pobladores de dichas zonas, por los servicios ambientales que se proveen. Entre dichos servicios tenemos: actividades de protección a los recursos hídricos, a la biodiversidad, a la belleza escénica, de turismo ecológico y de secuestro de carbono.
Entonces para responder las preguntas del Gerente de COHDEFOR, no se puede hablar de expropiación, nunca la hubo. Lo que hubo fue la imposición de restricciones al derecho de propiedad que el Señor Padilla ejerce sobre su fundo. Restricciones de índole ambiental, que no son diferentes a las que puede imponer la reforma agraria, los planes de ordenamiento territorial, etc., y que de hecho están contempladas en el texto constitucional, pues ya en el artículo 354 señala que “el Estado se reserva la potestad de establecer o modificar la demarcación de las zonas de control y protección de los recursos naturales en el territorio nacional”. El problema está en asumir que dichas limitaciones conculcan el derecho de propiedad el Señor Padilla, en lugar de entender que lo que se pretende es conservar una fuente de agua a través de esa Declaratoria de Micro-cuenca, para el disfrute de los pobladores de esa zona en el presente, y también para asegurar el disfrute de ese recurso hídrico por las futuras generaciones. Eso es lo que entendemos como Desarrollo Sustentable, esa es la función del Derecho Ambiental, eso conlleva la garantía constitucional de protección al medio ambiente establecida en el artículo 145.
Los grandes problemas son que la protección del ambiente es un interés difuso, cuya alteración parece no afectar directamente el patrimonio de nadie, y del Derecho Ambiental no cuenta con su propia jurisdicción, tendiéndose que dirimir este tipo de conflictos por la vía penal, civil, -o como en esta circunstancia- administrativa. Y al parecer ni los jueces (ni los magistrados) conocen aún todavía las dimensiones de ésta rama jurídica ni los principios que la informan. No es posible que la ley siga siendo aplicada de forma mecánica, sin comprender cómo esta ha evolucionado, los principios que la informan. No es posible que se desconozca la trascendencia que la ignorancia impertérrita de los operadores de justicia, haciendo que barbaridades como ésta sucedan y pongan en peligro el derecho que tenemos todos los hondureños de que los recursos naturales de nuestra tierra, siendo como son, elementos ambientales, corran el riesgo de ser indiscriminadamente explotados o contaminados, impidiendo que puedan ser gozados por las generaciones presentes y futuras.
La Gerencia de COHDEFOR se formulaba en Julio de 2007 las siguientes preguntas: ¿Cómo puede hablarse de expropiación cuando parte de la propiedad esta fuera de los límites de la micro- cuenca?¿Cómo puede hablarse de que hubo una expropiación el año 2001 si la propiedad siguió siendo utilizada y sigue titulada a favor del Sr. Nicandro Padilla? Asumo que sus cuestionamientos implicaban que consideraba errónea la decisión judicial, como la considero yo.
Las preguntas arriba planteadas son fáciles de responder, y por lo tanto es fácil de deducir también el error de la resolución judicial- aplicando los principios del Derecho Ambiental, y entendiendo la evolución histórica de la propiedad.
El Derecho a la Protección del Ambiente es un Derecho Humano de tercera generación. Esto implica que no se refiere a derechos civiles y políticos, dirigidos a proteger la libertad, seguridad, propiedad, integridad física y moral de los individuos (derechos de primera generación); ni a derechos sociales, económicos ni culturales, que pretenden el desarrollo de la persona como ser social en igualdad de condiciones que sus congéneres (derechos de segunda generación); sino que recoge diversos aspectos de la vida del hombre en sociedad que ya se encuentran legislados por los derechos de primera y segunda generación pero que es necesario abordar de una manera diferente, para solucionar una serie de conflictos jurídicos que hasta su aparición no habían sido resueltos. De ahí que se denominen los de tercera generación, derechos de síntesis. Nacen para corregir las grandes injusticias que sufre la humanidad, considerándose por lo tanto civilizatorios o civilizadores. Este derecho es regulado por el Derecho Ambiental, una disciplina jurídica omnicomprensiva que regula las conductas humanas que pueden influir relevantemente en la interacción existente entre los sistemas naturales, causando un desequilibrio ecológico.
El Derecho Ambiental surge en el escenario internacional con la Cumbre de Estocolmo en 1972, donde se suscribe la Declaración sobre Medio Ambiente Humano. En la actualidad, Honduras ha ratificado más de 48 convenios y tratados internacionales en materia ambiental y cuenta con más de 50 leyes y reglamentos que tiene consideraciones ambientales, además de la Ley General del Ambiente vigente. Dicha normativa tiene como objeto prevenir la alteración del equilibrio ecológico que pueda ser causada por el consumismo imperante, la falta de planificación o la explotación indiscriminada de recursos, sin querer con esto, obstaculizar el desarrollo económico y social. De ahí que uno de los principios que informe al derecho Ambiental sea el del Desarrollo Sustentable, el cual se basa en dos ejes: fomentar el desarrollo y el progreso social, preservando el medio ambiente y el sistema natural. El Desarrollo Sustentable busca satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades.
Otros principios que informan a esta rama jurídica son el Preventivo y el Precautorio. El primero implica que el Estado de Honduras debe tomar todas las precauciones necesarias para no generar las causas de posibles problemas ambientales a través de acciones preventivas y correctivas. Supone que dentro de sus políticas públicas, habrá preferencia para aquellas de gestión ambiental que reduce las posibilidades de contaminación aún antes de que ésta ocurra, pues prevenir es más barato que reparar. El mecanismo idóneo con el que cuenta el Estado es la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) que implementa SERNA, ya que a través de métodos científicos es posible medir los riesgos ambientales y recomendar las medidas adecuadas para su manejo. El principio Precautorio establece que ante cualquier duda técnica o científica sobre la calidad contaminante de cualquier actividad, existe la obligación para el actor de probar que puede garantizar todas las medidas de mitigación. La obligación nace de la incapacidad actual de la ciencia y la técnica para determinar ciertos riesgos de contaminación con suficiente certeza, aún y cuando los efectos potencialmente peligrosos hayan sido identificados. Con ello, se pretende anticipar y evitar daños ambientales antes de que estos ocurran.
Ahora, sobre la evolución histórica del derecho de propiedad, debemos empezar por hablar sobre la concepción unívoca o monista que existe desde el derecho romano, que la reconoce como un derecho real pleno e ilimitado, por el que el hombre ejerce un poder de imperio sobre sus bienes. Este concepto se vio fortalecido con la Revolución Francesa, incorporándose jurídicamente en el Código Napoleónico de 1804. Persistió hasta principios del siglo XX como parte de la estructura del Estado Liberal que se caracterizó por ser la cuna del Capitalismo, las desigualdades sociales y la explotación del hombre por el hombre. Como respuesta al Estado Liberal, aparece el concepto del Estado Social o Derecho, cuyos principios se ven reivindicados en las constituciones de Querétaro de 1917, de la República Socialista Federal Rusa de 1918 y la de Weimar de 1919. Estas constituciones son las primeras en incorporar los derechos de segunda generación antes descritos, tal como los contiene nuestra Carta Magna.
Aparece en este contexto del Estado Social o de Derecho, con relación a la propiedad, una concepción pluralista, por medio de la cual ese derecho de dominio pleno e ilimitado se ve restringido en razón de su destino, asignándole una función social, por la que el propietario ya no sólo tiene derechos sobre sus bienes, sino que se le confieren obligaciones para poder disfrutarlos. De hecho, la Constitución Hondureña, establece en su artículo 61 que “garantiza a los hondureños y extranjeros residentes en el país, el derecho a la inviolabilidad de la vida, a la seguridad individual, a la libertad, a la igualdad ante la ley y a la propiedad”, y en el 103, que “el Estado reconoce, fomenta y garantiza la existencia de la propiedad privada en su más amplio concepto de función social y sin más limitaciones que aquellas que por motivos de necesidad o de interés publico establezca la ley”. Y va más lejos aún, asegurando en el siguiente artículo (104) que “el derecho de la propiedad no perjudica el dominio eminente del Estado”. La función social de la propiedad se refiere a la utilidad social que esta tenga y a su naturaleza productiva.
Esa nueva forma de entender dicha institución es lo que desencadena la existencia de formas especiales de propiedad, porque empiezan no sólo a ser vitales para garantizar derechos sociales, sino que los económicos también. Nuestra constitución reconoce esa realidad al afirmar en su artículo 330 que “la economía nacional se sustenta en la coexistencia democrática y armónica de diversas formas de propiedad y de empresa”. La propiedad agraria, la propiedad intelectual, la propiedad urbanística, son de esas formas especiales. La propiedad agraria, por ejemplo, le otorga al fundo, en relación a su naturaleza, una característica adicional, que es la productiva; y sustenta el derecho de dominio que tiene el propietario, sobre su obligación de ejercer continuamente una explotación económica, efectiva y racional del fundo, siendo posible la expropiación cuando las tierras se mantienen ociosas. Es así como, limitando el derecho de dominio, la propiedad agraria cumple con sus funciones económica y social. La propiedad urbanística también implica limitaciones al ejercicio del derecho de dominio, pues clasifica los fundos como rurales, urbanos, industriales, etc. de acuerdo a las políticas de ordenamiento territorial. Limita el ejercicio de la propiedad en tanto impone una serie de servidumbres prediales/vecinales y restringe los fundos a usos determinados de carácter obligatorio.
Con el reconocimiento del Estado de Honduras del derecho a la protección del ambiente, supone que ahora la propiedad no tiene solamente una función económica y social, sino que también una función ambiental. Esto significa que se impondrán restricciones al ejercicio del derecho de propiedad para asegurar la conservación, protección y explotación racional de los recursos, tanto para beneficio de sus propietarios, como de la sociedad en general, para el disfrute de las generaciones presentes y futuras. ¿Y cuáles son esos beneficios? Pues los servicios que brindan los ecosistemas existentes en esos predios. Dicha función implica que hay limitaciones al derecho real de dominio sobre aquellos fundos donde haya ecosistemas que proteger, ya sea para la investigación científica o para la extracción de recursos naturales en forma sostenible, teniendo siempre como prioridad que cualquier forma de explotación permita la regeneración de los elementos ambientales de forma natural.
Dentro de esta forma de propiedad encontramos la propiedad forestal, que impone limitantes sobre el ejercicio del dominio a aquellos terrenos con aptitud forestal destinándolos para dos usos exclusivamente: la total protección de los recursos en ellos existente, o a la extracción de especies maderables a través de planes de manejo. Igual que para los demás tipos de propiedad, estás limitaciones están impuestas por la ley; pero jamás podrán considerarse expropiación, y por lo tanto el Estado no tiene obligación de indemnizar el justiprecio de dichos fundos, pues no se está privando a nadie de su derecho de propiedad, como lo enuncia el artículo 106 constitucional. Simplemente se imponen restricciones necesarias, sustentadas en derecho, que permitan que los fundos cumplan con su función ahora sí que social, económica y ambiental. Tan es así que en muchas comunidades de Honduras, para poder cumplir a cabalidad con esas tres dimensiones de la propiedad se están implementando ya programas de pago por servicios ambientales, que consisten en una compensación directa que se paga a los pobladores de dichas zonas, por los servicios ambientales que se proveen. Entre dichos servicios tenemos: actividades de protección a los recursos hídricos, a la biodiversidad, a la belleza escénica, de turismo ecológico y de secuestro de carbono.
Entonces para responder las preguntas del Gerente de COHDEFOR, no se puede hablar de expropiación, nunca la hubo. Lo que hubo fue la imposición de restricciones al derecho de propiedad que el Señor Padilla ejerce sobre su fundo. Restricciones de índole ambiental, que no son diferentes a las que puede imponer la reforma agraria, los planes de ordenamiento territorial, etc., y que de hecho están contempladas en el texto constitucional, pues ya en el artículo 354 señala que “el Estado se reserva la potestad de establecer o modificar la demarcación de las zonas de control y protección de los recursos naturales en el territorio nacional”. El problema está en asumir que dichas limitaciones conculcan el derecho de propiedad el Señor Padilla, en lugar de entender que lo que se pretende es conservar una fuente de agua a través de esa Declaratoria de Micro-cuenca, para el disfrute de los pobladores de esa zona en el presente, y también para asegurar el disfrute de ese recurso hídrico por las futuras generaciones. Eso es lo que entendemos como Desarrollo Sustentable, esa es la función del Derecho Ambiental, eso conlleva la garantía constitucional de protección al medio ambiente establecida en el artículo 145.
Los grandes problemas son que la protección del ambiente es un interés difuso, cuya alteración parece no afectar directamente el patrimonio de nadie, y del Derecho Ambiental no cuenta con su propia jurisdicción, tendiéndose que dirimir este tipo de conflictos por la vía penal, civil, -o como en esta circunstancia- administrativa. Y al parecer ni los jueces (ni los magistrados) conocen aún todavía las dimensiones de ésta rama jurídica ni los principios que la informan. No es posible que la ley siga siendo aplicada de forma mecánica, sin comprender cómo esta ha evolucionado, los principios que la informan. No es posible que se desconozca la trascendencia que la ignorancia impertérrita de los operadores de justicia, haciendo que barbaridades como ésta sucedan y pongan en peligro el derecho que tenemos todos los hondureños de que los recursos naturales de nuestra tierra, siendo como son, elementos ambientales, corran el riesgo de ser indiscriminadamente explotados o contaminados, impidiendo que puedan ser gozados por las generaciones presentes y futuras.
Etiquetas:
ambiental,
Ambiente,
COHDEFOR,
Derecho Ambiental,
Derechos Humanos,
desarrollo sostenible,
desarrollo sustentable,
Expropiación,
Justicia,
Propiedad,
recursos naturales
Suscribirse a:
Entradas (Atom)