lunes, 27 de octubre de 2008

¿POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL PARA LOS POLÍTICOS EXPLICARNOS CÓMO RESOLVERÁN NUESTROS PROBLEMAS?

Por Claudia María Castro Valle

Estamos a tres semanas de las elecciones internas y me interesé en saber que posición estaban adoptando los precandidatos presidenciales sobre los diferentes problemas que enfrenta la nación hondureña. En esta época de lo virtual y lo digital, busqué respuestas en los espacios que consideré indicados: sus propios sitios web. En esta primera entrega hago un pequeño análisis de las posiciones asumidas por Pepe Lobo y Mario Canahuati (ver www.pepelobopresidente.com y www.canahuatipresidente.com ).

Pepe Lobo no ha publicado nada sobre sus propuestas en el sitio antes mencionado. El único documento que pude encontrar en el mismo, donde él se manifiesta de alguna forma al respecto, fue en la copia del discurso por el dado en la Convención Nacional de 2008.

En dicho discurso, el señala algunas cuestiones básicas sobre lo que pretende hacer si asume la presidencia. En primer lugar habla de la emisión de tarjetas de identidad. Obviamente la identificación de la población es una necesidad, pero no es la solución a ningún problema estructural. Digamos que es un proceso que nos acerca más a la civilización, pero no resuelve necesidades básicas.

También hace énfasis en la aplicación de ley contra prácticas comerciales abusivas. Este punto se vuelve interesante si tomamos en cuenta que por estos días entra en vigencia la nueva Ley de Protección al Consumidor, copia casi fiel de la argentina, y que se vuelve una de las más avanzadas de América Latina. El problema de la aplicación de esa Ley no pasa por la voluntad de las autoridades administrativas, que solucionaran mucho si cumplen con su deber básico de vigilancia, sino que por un desarrollo jurisdiccional que simplemente no tenemos en el país en materia de daños y responsabilidad tanto civil como administrativa. ¿De qué nos sirve una ley tan prodigiosa, si nuestros jueces no entienden todavía los conceptos y alcances de los intereses colectivos? Pero está bien… démosle el beneficio de la duda y supongamos que a nivel administrativo, el gobierno cumplirá con su deber de vigilancia. ¿Significa entonces que el gobierno de Lobo se asegurará que los sistemas de pesas y medidas usadas por los comerciantes son las correctas, que la bombas de combustible no se manipulan, que los locales comerciales no tienen prácticas discriminatorias como no permitirle pagar cantidades inferiores a cincuenta lempiras con tarjetas de crédito, que los emisores de tarjetas de crédito dejaran de disfrazar el anatocismo que practican, etc. etc.? Perfecto… ¿pero cómo lo hará? ¿Se creará una policía especializada para tal efecto? ¿Se aumentaran circunstancialmente las multas administrativas de tal forma que los comerciantes abusivos dejen de pagar por abusar, y se sientan realmente infligidos con los castigos pecuniarios? ¿Cómo? Todos sabemos que es lo que hay qué hacer…. Lo que necesitamos de los candidatos es que nos explique cómo ellos creen que debe hacerse.

Me preocupa sí, una oferta que hace Lobo en el discurso de otorgar diez mil lempiras anuales a seiscientas mil familias por medio de programas solidarios. Nuevamente la pregunta: ¿Cómo? Y léase bien, no cuestiono por qué, pues es obvia la necesidad de esas familias, pero sí cómo. ¿De dónde saldrán esos fondos? ¿Los va a negociar con la cooperación extranjera? ¿Aumentará los impuestos? ¿Eficientará la gestión tributaria, y si es así, cómo? ¿Cortará algunas líneas presupuestarias actuales para tener esos fondos disponibles? ¿Cómo?

Obviamente, y ante el favor del Presidente Zelaya con el Alba, uno de los caballitos de batalla de Lobo es la Política Exterior, y propone una, sensata, a favor de emigrantes que envían remesas. ¿Qué significa esto? ¿Va a firmar algún tratado con Guatemala, El Salvador y México para que se proteja a los migrantes hondureños que pasan por esos territorios? ¿Va a crear centros de atención al migrante? ¿Va a destinar recursos del presupuesto de seguridad para que las vías de salida usadas por los migrantes estén vigiladas y pueda garantizarse su integridad física en el camino hacia el sueño americano? ¿O simplemente se refiere a seguir besando el bies del manto de los americanos para que no reduzcan los números del TPS? ¿Qué es sensato? ¿Cómo lo define? Asumo que parte de esa idea se concatena con la afirmación que hace de profesionalizar el servicio consular. ¿Cómo? ¿Se va a respetar la carrera en el servicio exterior? ¿Cómo?

Pepe Lobo habla de un Plan de Nación, frase trillada usada demagógicamente por todos los políticos de turno. ¿Dónde está? No presenta por ningún lado un marco lógico que lo descubra, no nos muestra presupuestos, planes de gestión de recursos, indicadores, actores, nada. Un plan de nación no es un buen deseo, una frase que se emite al viento esperando que se cristalice… una propuesta de un plan de nación debe ser un trabajo de análisis coyuntural que se traduce en propuestas sustentadas.

La carta de presentación desde las elecciones pasadas de Pepe Lobo ha sido la de la inseguridad. En dicho discurso, ofrece la aplicación de la ley ante delitos sangrientos, así como una mayor capacidad de investigación de la policía. Honduras volvió a perder una inmensa oportunidad con la última reforma a la Ley de Policía, para que la investigación quedara adscrita al Ministerio Público. Este sistema incomprensible bajo el cual el MP tiene la acción penal y dirige técnicamente la investigación, pero jerárquicamente no incide sobre la policía de investigación a demostrado ya ser altamente ineficiente. ¿Cómo planea eficientarla Pepe Lobo? Lo dicho antes, todos sabemos que tiene que mejorarse, pero no sea mezquino Señor Lobo, explíquenos cómo.

Sí debo decir, que al menos esta vez, no encontré ninguna referencia a la pena de muerte por parte del precandidato. Eso, debo expresar, si es un verdadero avance en su discurso.

Ahora su más cercano contrincante. Mario Canahuati parece tener más claro el panorama. Aunque solo enuncia algunos temas en su campaña, tales como aminorar la brecha entre la educación pública y privada, sin explicarnos cómo, es muy específico al enfocarse en otros temas, como la descentralización municipal, por ejemplo. Ofrece certificar 100 municipios para el año 2012 de tal forma que puedan doblarse las transferencias del Presupuesto General, para que estos dineros sean directamente ejecutados por los gobiernos municipales eficientemente. Si algo podemos deducir de la propuesta de Canahuati es que apostará a una transformación administrativa del Estado, enfocándose en una planificación basada en la regionalización diferenciada del territorio. Y a través de la aplicación del ordenamiento territorial pretenderá abordar problemas como la producción, la seguridad alimentaria, el problema ambiental, la inversión agrícola, etc. A diferencia del Señor Lobo, el Señor Canahuati, en éste tema sí es muy amplio al explicarnos cómo piensa que se puede hacer.

Otra solución claramente esbozada por Canahuati es la universalización de los sistemas de jubilación y pensión. Lo que no hace es explicarnos cómo se obtendrán esos recursos. ¿Más impuestos? ¿Reducción del aparato burocrático? ¿Privatización del servicio?

Con relación al sistema penitenciario ofrece cambios pequeños que podrían tener un gran impacto, como por ejemplo, bloquear las señales de celular en los centros penales.

Para todos los demás problemas nacionales enuncia soluciones lógicas, que no difieren de lo que se ha venido haciendo por los gobiernos anteriores, sin realmente informar cómo pretende implementarlas, de dónde se obtendrán los recursos, cómo modificara realmente el status quo. En algún lado de su sitio web, el Señor Canahuati afirma que “todo esto lo lograremos partiendo de un proyecto claro, oportuno y concreto (no demagógico, como nos han querido acostumbrar los políticos de oficio), con sentido común…”, pero ¿dónde está el proyecto? ¿Por qué es menos demagógico anunciar el proyecto sin explicarlo?

Mario Canahuati comenzó bien con su teoría del ordenamiento territorial, pero de ahí en adelante el esfuerzo se desvaneció. Haremos, diremos, lograremos dice a lo ancho de su sitio web, pero igual que el Señor Lobo, es bastante egoísta a la hora de explicarnos cómo…

Lo que me hace regresar al título de este breve manuscrito: ¿Por qué es tan difícil para los políticos explicarnos CÓMO resolverán nuestros problemas? Mi respuesta inicial es porque no tienen la menor idea de cómo hacerlo. Cualquiera que sea la propuesta, estaremos frente a mucha improvisación, dependiente de la voluntad política…

domingo, 5 de octubre de 2008

¿Solucionaremos nuestra crisis actual con el endurecimiento de las penas?

Por Claudia María Castro Valle

«En los asuntos difíciles, de cualquier naturaleza, no se puede sembrar y cosechar todo a la vez; es necesario la debida preparaci6n a fin de que los frutos madurados puedan ser un dia recogidos». Francis Bacon (filósofo y político inglés).

Los hondureños no podemos dejarnos manipular por aquellos políticos de turno y oportunidad que nos ofrecen el endurecimiento de las penas -y hasta la pena de muerte como solución a la crisis humana y social a la que se enfrenta este país.

El Barón de Montesquieu, quien concibió la división tripartita de poderes, nos hacía reflexionar diciéndonos que las penas que no se derivan de la absoluta necesidad son tiránicas. La pregunta que planteo aquí es por tanto la siguiente: ¿Es absolutamente necesario en Honduras hablar de un aumento a la duración (o dureza) de las penas, incluso fantasear con el regreso de la pena de muerte, para lograr una mayor seguridad y estabilidad social?

Siendo nuestra República un Estado soberano y de derecho, la función de crear y modificar las penas ya existentes corresponde al Legislativo, y es precisamente de sus miembros que hemos escuchado mayormente estas atroces posibilidades. Corresponde al Legislativo, porque de los tres poderes en que está dividido constitucionalmente el Estado, es en el que reside la soberanía que es la manifestación concreta del contrato social que hemos suscrito los hondureños como nación. La soberanía no es más que la renuncia que hemos hecho los ciudadanos de una pequeña parte de nuestra libertad individual, depositada en el Estado para que cumpla con su finalidad de lograr el bien común. Si no fuera éste el objetivo de dicha renuncia, no tendría sentido ser sujeto de ningún poder estatal y estaríamos mejor como en tiempos primitivos donde cada hombre luchaba por su bienestar individual sin aceptar imposición alguna.

En ese orden de ideas, convenimos que el Estado debe proteger bienes jurídicos y que los daños causados a estos se denominan delitos, y las lesiones a dichos bienes son daños directos a la sociedad. De ahí que la pena sea la solución lógica que da esa sociedad en pos de un interés común, que es el evitar la comisión de delitos, o que por lo menos estos sean menos frecuentes, para conversar así su integridad. Es decir, la finalidad de la pena no es -ni deberá ser- deshacer un delito ya cometido, por lo tanto no debe ser utilizada manipulando pasiones para inferir castigos crueles e inútiles, fomentar el fanatismo o la represión, y mucho menos por representantes de las instituciones estatales quienes deben buscar moderar dichas pasiones en nombre de la ansiada estabilidad. Las penas deben buscar convencer a los demás ciudadanos de no cometer ilícitos similares a los castigados, y no retribuir a la víctima con el sufrimiento del reo, de lo contrario con lo que quedaríamos es con una suerte de terror institucionalizado patrocinado por el Estado, lo cual contradice a todas luces su objetivo fundamental, que es el bien público. Porque no es la crueldad con la que se impongan las penas el freno de la delincuencia, sino que el convencimiento de que el que delinca recibirá merecido castigo. Dicha certidumbre deriva en el genuino temor de la justicia. Cesare Bonensana, Marqués de Beccaria, adecuadamente afirmaba, en su Tratado de los Delitos y de las Penas, que para que una pena obtenga su efecto, basta que el mal de ella exceda al bien que nace del delito ... y que todo lo demás es superfluo y por lo tanto tiránico.

Pero, ¿cómo puede definir la sociedad a través de su Legislativo la verdadera medida de los daños a los bienes jurídicos protegidos, para poder determinar la dureza de la pena a imponer? En este sentido la doctrina jurídica nos ofrece básicamente dos posiciones que son la teoría retribucionista y la de prevención, pero en resumen ambas concluyen de una forma u otra que el delito se debe medir por el verdadero daño que se hace a la sociedad, como ya desde el siglo dieciocho proclamaba el Marqués de Beccaria. El lograr establecer ese verdadero daño es el que nos ofrece a nosotros como sociedad la verdadera dificultad.

Si utilizamos la fórmula descrita al principio del párrafo anterior, entendemos que aquellos delitos a los que les corresponden las mayores penas son los que reflejan los mayores daños a la sociedad hondureña. De ahí que si analizamos el Código Penal, podemos concluir que al ser el asesinato mediando pago o recompensa, el secuestro y el magnicidio los delitos con las mayores penas (privación de la libertad de por vida incluso), los bienes que más protege nuestra legislación son la vida y la libertad personal. Y si esta suposición es cierta, ¿cómo cabe entonces siquiera la posibilidad de contemplar la pena de muerte? Y así se podría considerar también la prisión perpetua si se quiere ser objetivo en el análisis. ¿No es esta contradicción más que evidente? ¿Cómo puede ser coherente un «establishment» que castigue al asesino dándole muerte de forma alevosa y premeditada, con la única diferencia que representan los formalismos legales que la disculpan?

Librándonos de subjetividades filosóficas y religiosas, debemos decir que se logra combatir mas efectivamente la posibilidad de la comisión de nuevos delitos no con un castigo radical como la muerte, sino con la seguridad que tenga la sociedad de que, por mínima que sea la pena a imponer, a nadie dejara de imponérsele con la prontitud del caso; a menos que se busque con dichas leyes un pretexto para el uso de la fuerza, o queramos demostrarnos a nosotros mismos que no hemos salido de la barbarie, y en realidad estamos más retrasados como país de lo que comúnmente aceptamos.

Como deducimos de la máxima de Bacon al principio de este escrito, no podemos ir a tontas y a locas apagando fuegos y tapando huecos en una problemática tan seria como es la inseguridad ciudadana y la política criminal de nuestro país. El pensar en endurecer las penas y en imponer la pena de muerte es tan absurda como la prohibición de portar armas pesadas, cuando a los únicos a quienes detiene dicha prohibición es a aquellos que no tienen ningún interés en cometer delitos (los delincuentes siguen usándolas). Lo único que se ha logrado con dicha prohibición es que las posibles víctimas, al momento de enfrentarse a los delincuentes, se encuentren en real desventaja y se les dificulte defenderse.

Estas no son leyes que prevengan delitos, son simples manipuleos políticos para convencer a los desprevenidos y agenciarse algunos seguidores, más ahora que la temporada de acervo político está a la vuelta de la esquina. ¿Por qué no buscamos soluciones reales y duraderas como la educación, o castigamos ejemplarmente otros delitos que dañan mayormente a la sociedad como la corrupción y la apropiación indebida de bienes y dineros públicos? Además, no podemos enceguecernos ante la realidad que ya existe en relación a la criminalización de la pobreza, pudiendo prever que sucedería lo mismo con la pena de muerte, siendo los condenados personas que pertenecen a los extractos más excluidos de la sociedad por no poder agenciarse una defensa adecuada, quedando a merced de los defensores públicos.

Alberto Camus (Premio Nobel de Literatura argelino) dijo que “la pena de muerte es el asesinato mas doloso con el que ningún delito planificado puede compararse”. Nuestro país merece un mejor destino.

* Publicado el miércoles 13 de enero de 2005 en el Diario La Tribuna, Honduras.

DELITO DE TRAICION A LA PATRIA

Por: Claudia María Castro Valle

El último debate entre los presidenciables Manuel Zelaya y Porfirio Lobo se caracterizó por el mismo intercambio de comentarios ofensivos y falta de propuestas viables y reales. Dentro de todas las necedades expresadas, la que quedó resonando en mi cabeza fue la provocación hecha por Lobo de destituir a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia si declaraban inconstitucional el artículo 232 del Código Penal, mejor conocida como la “Ley Antimaras”.
El señor Lobo parece ignorar que estos magistrados están facultados por la Constitución de la República en su artículo 316, donde se deletrean las funciones de la sala de lo constitucional (una de las cuales conforma la Corte en mención). Nos explica que "Las sentencias en que se declare la inconstitucionalidad de una norma serán de ejecución inmediata y tendrán efectos generales y, par tanto, derogaran la norma inconstitucional, debiendo comunicarse al Congreso Nacional, quien la hará publicar en el diario oficial La Gaceta".
Es preocupante parque el señor Lobo es el representante de uno de los tres poderes del Estado y esta proposición airada dentro de la demagogia electoral es un atentado contra la estabilidad de otro poder. La Constitución nos explica en su artículo 4 que "La forma de gobierno es republicana, democrática y representativa. Se ejerce por tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, complementarios e independientes y sin relaciones de subordinación. (... )". Esto quiere decir que el gobierno es elegido par el pueblo, que aquellos electos deben actuar en representación de los intereses del pueblo y que la forma de Estado solamente se perfecciona con la existencia de los tres poderes, de los cuales ninguno tiene autoridad sobre el otro, ni admiten intervención de cualquiera de los otros dos. En el siguiente articulo constitucional se nos sigue explicando que el progreso de Honduras está "basado en la estabilidad política y en la conciliación nacional".
El mismo artículo 4, que se refiere a la forma de gobierno y a la división tripartita de poderes, termina diciendo que "La infracción de esta norma constituye delito de traición a la patria". Ese delito implica el quebrantamiento alevoso de la ley atentando contra la seguridad de la patria y del progreso de Honduras. ¿Se merece esto la patria?

*Publicado el viernes 19 de agosto de 2005 en el Diario El Heraldo, Honduras.

jueves, 4 de septiembre de 2008

LA LUCHA POR EL PAN O LA TORTILLA

Por Claudia María Castro

“Rechazamos entonces la ideología que considera la tierra únicamente como una mercancía. Observamos con preocupación que las políticas agrarias dominantes e implementadas en el marco del neoliberalismo, pretenden cada vez más sustituir la Reforma Agraria por el mecanismo del mercado de tierras.” (Declaración de San Pedro Sula, 1er Encuentro Internacional de los Campesinos y Campesinas sin Tierra, Julio de 2000).

Creo que no soy la única habitante de estas Honduras que se vio movida, contrariada, perpleja y conmocionada por los sucesos de la semana anterior en que los campesinos cafetaleros y la policía se enfrentaron salvajemente. Quiero en esta ocasión, referirme al campesinado y sus causas. La policía y las suyas creo que pueden ser el enfoque de un comentario posterior. Y aclaro, me referiré al campesinado y no a los grandes terratenientes de la industria del Café, ya que sus luchas no son las mismas, aunque estos últimos quieran hacer ver a unos y a otros que las comparten. Tampoco incluyo acá a los dirigentes cafetaleros que por si mismos forman una clase sui generis, ni al hecho que dicha demostración haya sido desarrollada cuando el mundo tenía los ojos puestos en Honduras.

Lo que pudimos ver en los diferentes medios de comunicación no es más que la última expresión de desesperación de un grupo de trabajadores de la tierra que no ven tabla de salvación frente a una multiplicidad de causas que solo traen un efecto: la pobreza. Esta ya no es ni siquiera inminente, sino real y aplanadora. Y si vemos un poco más allá, entenderíamos que esta situación no solo encuadra a los campesinos del café, si no que a todos, independientemente del rubro al que se dediquen, y que pueden empezar a demostrar en las mismas o peores circunstancias.

En Honduras, a pesar de que el sector agrícola sigue siendo el proveedor más importante en términos económicos, los gobiernos a lo largo del tiempo han fallado en reconocer la prioridad que este rubro representa en términos de soberanía y seguridad (sobre todo seguridad alimentaria) dando trato preferencial a las multinacionales nuevas y de siempre, consiguiendo siempre ignorar que lo que se logra es masificar el éxodo rural y la inundación de la miseria. No existen políticas agrarias definidas que formen parte de un plan nacional de desarrollo sostenible con trasfondo social. De ahí las protestas. (A veces creo que hay que ser decididamente obvia ya que parece ser que los actores de estos dramas no ven lo que yo veo). Nuestra precaria situación alimentaria se ha visto agravada con las sequías de los últimos años, sumadas con las aún tangibles consecuencias del Mitch. ¿O es que se nos olvida la hambruna que se ha visto en el sur?

El derecho a alimentarse es un derecho de todos los hombres, pero además conlleva un derecho anexo –o varios- entre ellos el derecho a la tierra. Los demás para ser más específicos son los de acceso a la tecnología, a la capacitación, a insumos, al agua, a la semilla, al crédito, etc.

En la última Cumbre Mundial de Alimentación, los presidentes de todos los países participantes acordaron implementar programas de reforma agraria como elemento esencial para combatir la pobreza. En nuestro país, el proceso de la Reforma Agraria ha ido desvirtuándose pues los campesino beneficiarios prefieren vender las tierras que les han sido tituladas en lugar de desarrollarlas. ¿Usted los culparía? Yo no. Esto no es más que una directa consecuencia de la implantación de prácticas neo-liberales que han convertido la tierra en un bien de consumo y no de producción, tal y como lo declaran nuestros amigos sin tierra. Parece ser que estamos destinados a seguir con ese ya acostumbrado servilismo lastimero todas las políticas de ajuste recetadas por las instituciones internacionales de crédito.

Cuando la tierra deja de ser de quien la trabaja para ser de quien puede comprarla, se convierte en la gota que puede derramar el vaso en la tambaleante y cada vez más grande brecha entre ricos y pobres.

El sector agrícola merece un trato distinto tanto en las políticas nacionales como en los tratados regionales que negocia el gobierno tales como el ALCA (aunque estas deberían de no continuar a mi gusto), y estar excluidas de toda formula de intermediación que sea planteada dentro del Plan Puebla-Panamá.

Ahora, en lo que respecta a las turbas demostrantes, creo que la violencia no es la solución. Más aún, la violencia sólo engendra violencia, y para muestra un botón. La democracia (y no me refiero a la eleccionaria) se vive y demuestra a través de la convergencia y el dialogo, a través del respeto de nuestro acuerdos y nuestros derechos, a través del respeto a las instituciones y a las personas. En países como el nuestro, desgraciadamente el Estado no está en capacidad de resolver todos los problemas que nos aquejan a nuestro gusto, es por eso que no podemos pretender solamente estirar la mano y pedir el pan nuestro. Antes de llegar a situaciones extremas, creo que debemos hacer una análisis consciente que nos lleve a concluir qué es lo que ofrecemos a cambio de lo que exigimos, o mejor aún, que damos o ponemos de antemano para que sea completado por el gobierno. Basta ya de ser limosneros y con garrote.

Mejor busquemos soluciones, y todos, tanto actores como lectores, son bienvenidos a este ejercicio. Yo propongo la primera: Cuando viví en Alemania, una de mis principales inquietudes estaba relacionada a la forma en que el pueblo alemán pudo salir tan rápidamente de la miseria de la post-guerra. Es cierto que recibieron mucha ayuda de los gobiernos aliados (nosotros la recibimos de los gobiernos amigos), pero imperó algo vital: el deseo de salir adelante por si mismos. ¿Cuál fue una de sus primeras acciones para que no murieran de hambre los sobrevivientes? Cada quien hizo de su jardín un huerto. ¿Si ellos lo lograron en medio de la catástrofe y con un clima inclemente durante el invierno, por que no podremos nosotros en medio de esta exuberante naturaleza?

Así que los invito a todos a seguir luchando por el pan o la tortilla, pero por nosotros mismos, en nuestro jardín, sin violencias ni mediocridad por un lado, y sin aprovechamiento ni explotación por el otro.

DE MIS CARTAS VIRTUALES CON GABRIEL (TERCERA ENTREGA)

Por Claudia María Castro

Ay Gabrielito... lamento escribirte tan tarde esta vez, pero esperá que te cuente y comprenderás el por qué de mi demora.

Debo empezar diciendo que aún no me he hecho del cartero que prometí, todavía debo entregar las cartas yo cruzando el centro de mi Tegucigalpa. Ayer, cuando fui a entregar ésta al buzón me agarró la pelotera. Estaban los maestros de media manifestando nuevamente en los bajos del Congreso. Más que el hecho de que me imposibilitaran el paso, debo decir que me quedé atónita y decidí seguir viendo. Estaban simulando un entierro. Tenían como rehenes a los diputados mientras un séquito de escavadores y lloronas seguían un ataúd en el que supuestamente llevaban a enterrar al estatuto del docente y acusaban a Mayuyo y al Ministro de Educación de su muerte. El espectáculo tenía todos los matices teatrales como para inscribirlo en un festival. Ya ves... acá las expresiones artísticas también van ganado terreno. Aún así, la turba no podía desligarse de sus orígenes y terminamos todos (yo incluida) bailando “El Pirulino”. El público era impresionante, pues entre ellos se encontraban todos los ex vendedores estacionarios, que por obra de la alcaldía regresaron a ser ambulantes... ¡De lo que te has perdido!

Preferí observar este espectáculo y no el otro, transmitido por todos los medios noticiosos. Otto Reich estaba en casa. Fue enviado por George hijo para ir aplastando terreno y facilitar el ya a veces trillado ALCA. Sermoneó y recomendó a su gusto. Amenazó con una dilatación en la firma del TLC con Centroamérica si Nicaragua y Honduras no se ponían las pilas y arreglaban lo del arancel. Si esa es la condición, entonces que los nicas nos suban los impuestos al 140%. De todas formas, que tiene pagar de más allá, si acá la corrupción sigue en aumento. El famoso informa de Transparencia Internacional nos sitúa en el septuagésimo primer renglón. Pero no debemos estar tan tristes, todavía nos quedan seis países latinoamericanos que derrotar. Tal vez lo logremos antes que llegar al mundial...

Es así como rompí la pequeña tarjetita que te enviaba y me senté a redactarte el cuento. Antes de que se me olvide, ¡Gracias por las plantas! Se las he dado a mi madre para que las cultive.

Hoy todo amaneció revuelto: la Universidad Pedagógica también se fue a la huelga magisterial. No están de acuerdo con la táctica de los maestros de media, pero igual los acompañan en el paro. ¡Ya hasta las excusas nos faltan para dejar de laborar! Por su parte los motoristas del transporte urbano han amenazado con quemar los buses...creo que mejor voy reparando la bici... solo que en estas cuestas... ni te digo. Lo mejor de todo es lo que estoy por contarte: La excelentísima señora Gobernadora de este departamento está por iniciar una “cacería” de brujas, hechiceros y quirománticos. Diz’que por que estafan al pueblo. Me pregunto yo: ¿Incluirá a todos aquellos otros que con artificios más “divinos” se roban los diezmos? ¿O a los otros más que sin artificio alguno se los embolsan desde las arcas del pueblo?

Por hoy te dejo, la cocina me llama. Pero no te preocupés Gabriel, si no es por carta será por Internet que nos estaremos comunicando. Aún y con todas estas revolucas cotidianas en mis Honduras de sentimiento, me siento segura... Halcón 1 ronda los cielos...

Besitos a los niños y a vos.

DE MIS CARTAS VIRTUALES CON GABRIEL (SEGUNDA ENTREGA)

Claudia María Castro

Hola Gabriel, de nuevo a tus ordenes.

Los números que contás de la Argentina se van asemejando mucho a los de por acá. Incluso he leído que ahora se están dando los secuestros. Podríamos enviarles unos cuantos de nuestros agentes de investigación. Ellos podrían ir enseñándoles a los gauchos todo aquello que no debe hacerse en casos como estos. La verdad Gabriel es que así como los amigos del bíblico Job, más vale sentarse a llorar a la par de los argentinos tratando de entender lo que viven, que decir sin sentidos tales como "La esperanza es lo último que se pierde", o "No hay mal que por bien no venga" o el peor de todos "No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista".

Aunque como dije antes, acá la situación macro es muy similar, debemos admitir que los que están bien lo siguen estando, los que tenemos para defendernos nos defendemos y los que jamás conocieron tiempos mejores ni se dan cuenta de lo que les faltó. Ahí es donde radica la diferencia... y de ahí nuestro tercermundismo: de esa inmutable pasividad que nos define y nos
arrastra. Y esa pasividad es obvia en todos los campos: desde 1999 que Nicaragua ha impuesto un arancel del 35% a nuestras importaciones y el gobierno de Honduras no ha hecho nada. Pero los mucos apenas oyen rumores de una respuesta similar de nuestra parte y saltan de inmediato a poner la queja en la OMC, y de nuevo... mejor decidimos no hacer nada.

Y bienaventurados aquellos que emigran, de ellos serán las nuevas tierras. Los demás estamos apenas obligados a echarnos el costal a la espalda y seguir sudando para ver si algún día O'Neil o cualquiera de estos santos decide bajar el dedo... (ya que San Juan aún no despierta de su letargo). De todas formas, ahora en Plan Puebla Panamá dis’ que ofrece protección para nuestros aventurados inmigrantes. Nuestros “benefactores” mexicanos han propuesto crear un mega consulado para proteger sus derechos a cambio de que Centroamérica abra sus fronteras y ellos puedan echar manos al botín antes que sus vecinos norteamericanos.

Me sorprende sí, leerte aseverando un regreso a la identidad propia. Acá seguimos rezando el credo del consumismo y la enajenación, por que así en la tierra como en el cielo, el gringo es el que nos da el pan de cada día, tanto así que de despedida, han querido nombrar ciudadano predilecto al embajador Almaguer. Pero mejor dejo este desencanto de lo institucionalizado para otro momento.

Envídiote sí el saberte publicado. Me encantaría probar suerte en ese ámbito, pero acá es gastar pólvora en zopilote. No es tanto el que cueste ser publicado, si no que después no hay quien te lea. Triste lo de nosotros, no es cierto?

Me resta nada más decir que la alegría de la comunicación es compartida. Acá tenés una fiel lectora que te estará de vez en cuando molestando...

Un beso...

Maternidad

¡Hola!

Les escribo pues, ahora que no estoy, es la forma más fácil de comunicarles algunas cosas que son trascendentales en mi vida.

Desde hace muchos meses he estado escribiendo un poemario que, después de muchas indecisiones, decidí llamar “Buscándote”. Son alrededor de cuarenta poemas que narran la desesperada necesidad de llenar tantos espacios que han ido quedando vacíos en mi vida al pasar el tiempo, describen la vida que he seguido en el último par de años llenos de desencanto, frustración. Parte de esa frustración y vacío – después de la parte que naturalmente le corresponde a la soledad - se debía a la dificultad que había sido para mi lograr ser madre mientras estuve casada y después, y ante no saber exactamente la razón de esa imposibilidad y sin diagnósticos certeros que me pudieran aclarar el panorama.

Yo siempre supe que ser madre implicaría para mi una felicidad enorme, por ende siempre lo quise, pero a medida que el tiempo pasaba yo iba asumiendo una realidad devastadora: nunca podría sentir la dicha de tener un hijo y verme eternizada en él. Y así pasó el tiempo y fui haciéndome a la idea de que siempre estaría relegada a un plano secundario donde sería eternamente “Tía”, aunque ya había comunicado mi decisión de agotar todas las posibilidades que podrían conferirme la capacidad de la gestación. Parte de esa decisión también la conformaba la maternidad en soltería pues la idea de volverme a casar está totalmente ausente de mis pensamientos.

Al asumir una infertilidad descuidé algunos aspectos básicos en una relación adulta, tales como la planificación familiar o la contracepción. Y la vida me dio una oportunidad dentro de ese descuido. La búsqueda que parecía interminable terminó: hay un pequeñito gestándose en mi vientre. Voy a ser mamá. Desde el momento que pude asimilar los diferente ámbitos de esa realidad soy inmensamente feliz, y por ende agradecida (a la vida y a mis descuidos). Hasta este momento, nunca supe lo inmensa que puede ser la felicidad, y lo diferente que es de esa necesidad egocéntrica que vivimos alimentando en nuestras vidas adultas, y de la cual nos quejamos permanentemente por desconocer lo que realmente la conforma. Nunca supe tampoco como mi escala de valores estaba algo desordenada, hasta que pase por la estricta auditoria del instinto materno. Tampoco sentí antes esta sensación de ser y estar completa, de que mi cuerpo no es más que el continente en el que se crea y desarrolla ese grandioso milagro que viene repitiéndose cada vez que un ser es concebido en un vientre.

Voy a ser mamá. Si cada uno de ustedes pudiera saber las veces que soñé con poder hacer tal declaración, sabrían por qué es que hay quienes creemos en el cielo. Sabrían como cualquier logro o triunfo a lo largo de mi camino no es más que polvo que va levantándose ante lo colosal de esta realidad que aún me tiene algo aturdida pero feliz. Hay un pequeñito gestándose en mi. Y ya lo he visto en un ecograma, en muchos de mis sueños, en la mirada de su padre, pero sin ser estas imágenes claras aún, desde ya sé que es lo más bello que tengo, y que la vida me bendijo de la manera más común pero más hermosa.

Pero la vida no solo es infinita en oportunidades y posibilidades, si no que también en bendiciones. Aparte de todas estas que les he contado ya, me dio otra que se ha convertido en la piedra angular de esta experiencia, y es Alfredo. Aunque debo confesar que en un principio no sabía cual sería su reacción ante un embarazo inesperado, no planificado y en la situación tan ambigua de no ser una pareja constituida desde ningún ángulo, me ha demostrado –y cada día más- que la vida tiene extrañas formas de manifestarnos nuestros caminos, y que el hacernos coincidir para ser coparticipes de la paternidad de éste niño tiene muchos significados y nos permite hacer de nuestras existencias experiencias aún más sobradas y enriquecedoras.

Más de una vez he hecho el ejercicio de ubicar mi realidad actual en diversos escenarios: mi adolescencia, todos mis noviazgos, mi matrimonio con Fito, mis relaciones después de mi separación. Puedo asegurar, sin temor a equivocarme, que ninguno de estos escenarios hubieran podido ofrecerme a mí en lo particular lo que este conjunto de circunstancias ahora me permiten y poder ofrecerle a este pequeñito un ambiente cálido y lleno de amor en el que nacer y crecer. Puedo incluso extenderme un poco más y asegurar, después de ver a Alfredo asumir su rol de padre, que no concibo a nadie más ocupando ese espacio en mi vida y la de nuestro bebé. Su apoyo ha sido incondicional y permanente desde el momento que le di la noticia, y su cariño y atenciones han formado a pasar una parte imprescindible en este proceso.

Alfredo y yo somos dos personalidades totalmente divergentes y por lo tanto complementarias, y ese factor es el que creo va a permitir que nuestro hijo tenga acceso a una forma de vivir y ver el mundo de un modo sumamente amplio y enriquecedor. Y parte de esa amplitud la conforma la forma en que hemos decidido afrontar nuestra situación, y para todos debe estar claro que no hay matrimonio, ni siquiera una vida en pareja a la vista. Preferimos, al menos por ahora, ser los mejores de los amigos y dedicarnos a crear el ambiente idóneo para nosotros y nuestro bebé. Esto no quiere decir que descartemos que en un futuro las cosas cambien, pero queremos que cualquier decisión sea impulsada por una total convicción y no una simple obligación. Pero esto es algo que solo la vida con sus extrañas formas no ayudará a dilucidar, y que solo a nosotros dos nos compete. De momento vivimos y disfrutamos con verdadera intensidad nuestra introducción a la paternidad apoyándonos a crecer como personas mutuamente.

Pero ante tanta felicidad no puedo cegarme tampoco a una realidad que a mí me es ajena, pero sé que a muchos de ustedes afectará, y es esta de las normas y tabúes sociales. Yo siempre he creído que estas normas han sido creadas para persuadir al hombre a comportarse de forma necesaria para alcanzar la armonía con el de al lado y poder así vivir en paz los unos con los otros y crear espacios para la edificación de la felicidad personal; jamás podría aceptarlas como la definición última de lo que está bien y está mal. Pero además, para mí estas normas pueden ser creíbles bajo la premisa de ser acordes con la naturaleza humana. Hemos sido dotados con la capacidad de los sentidos, del habla, del intelecto, y nos han sido dados para permitirnos con su ayuda encontrar por nosotros mismos la felicidad ansiada. Seguramente, si la intención fuera otra diferente al que procurásemos nuestra realización, tampoco hubiéramos sido dotados de albedrío, de libertad. Y haciendo uso de estas facultades, pero sobre todo de mi condición libre, es que no acepto que estas convenciones, con las que yo he elegido no comulgar, puedan empañar de alguna manera todo lo bueno que de presto forma parte de mi vida.

Parafraseando un poco a Galileo Galilei quisiera decir que espero que todo esto se convierta al final en un admirable servicio de mi parte a quienes me rodean, al afinar para mi una pequeña tuba en este inmenso y discordante órgano de cánones e imposiciones sociales; un instrumento en el que, pienso yo, se ve a tantos organistas desgastándose a sí mismos tratando vanamente de poder armonizar perfectamente la felicidad con la farsa social, algo imposible de lograr tomando en cuenta la esencia de dichas imposiciones.

Y aunque parezca que este regalo es solo para mí, en verdad se ha convertido en un regalito para todos aquellos que son importantes para nosotros y que quieren compartir nuestra bendición. Espero entonces que ustedes también se nos unan en esta felicidad desbordante y contagiosa. Todos son bienvenidos.

Hay una frase de Fernando Vallejo que resume un poco mi posición actual ante la vida y dice: “Es que este libro mío yo no lo escribí, ya estaba escrito: simplemente lo he ido cumpliendo página por página sin decidir.” Mi libro es una novela extraordinaria que trato de cumplir siendo auténtica con respecto a mi forma de pensar y de ver la vida, comprometida ante todo conmigo misma, pues no concibo otra forma de proceder.

Besos a todos (y ahora por doble partida),



Claudia

De la Abuela Amanda

Hola a todos.

Como es mi costumbre, después de hacer algún viaje, escribo una pequeña crónica para compartir con Ustedes lo vivido. Esta vez, quisiera empezar por un hecho difícilmente narrable que me encontró al llegar a casa. Llamé a mis padres a San Pedro Sula para informar que había regresado bien, sin esperar que ellos me contaran que mi abuela Amanda había muerto. Murió el Domingo 24 a media noche, mientras dormía. Dice mi madre que sin dolor. Eso es algo que nunca sabremos, a menos que tengamos la suerte de encontrarnos en otro espacio después de esta vida, y que con mala suerte, estando allá carguemos aún con la memoria de lo vivido en esta.

La Abuela Amanda es una mujer excepcional. Y sí, digo es, porque el ser no lo define nuestro periplo terrestre, si no más bien la eternidad que duramos en la memoria de los otros, especialmente de aquellos que nos quieren. Y mi elegía comienza al decir que aunque a sus noventa años y padeciendo el maldito Alzheimmer desde otros menos, la Abuela Amanda fue la matrona, aunque no talvez matriarca de mi familia paterna.

Mujer del siglo veinte, vivió como se vivía en su época. En su vivir, vio como de la carreta pasamos al auto, del auto al avión, y –en la tele- del avión al cohete. Salió de su casa familiar siendo aún una adolescente para convertirse en la esposa de mi Abuelo Emilio. Dio a luz a una docena de hijos, y vio convertirse en adultos a diez. Mi padre el menor. Como buena mujer de antaño, esposa y madre, vivó con todas las aristocraciadas que permite una ciudad que aunque pregonaba su abolengo, nunca dejó de ser un poco más que un pueblo con antecedentes históricos. Muy joven enviudó. Se vio forzada a sacar adelante a sus hijos menores, con ayuda de los otros mayores en una ciudad diferente a la suya. Con todas las vicisitudes que la vida puede plantear, y en medio de dos incendios que hicieron que su familia perdiera todo lo que tenía, logro hacerlo. Puedo decir y con mucho orgullo, que sus hijos con todas las debilidades propias de todo ser humano, son hombres y mujeres de bien. No fue académica ni profesional. Fue una mujer de casa, dedicada a su casa. Mis memorias de ella se pierden en la niñez. No recuerdo cuando la conocí, pero si la recuerdo constante. La recuerdo mía... mi abuela. Recuerdo cuando me quedaba a dormir en su casa, cuando me enseñaba a tejer. Cuando caminábamos por el centro de San Pedro (en aquellos tiempos en que aún se podía caminar). La recuerdo con sus fantásticas comidas, propias de occidente, y sus peleas con las empleadas y con la Tía Gloria. Recuerdo su psicosis de que todo se lo robaban... quien no podría entenderlo de una persona que vio desaparecer lo que fu suyo uno y otra vez. Más tarde la recuerdo más abuela que nunca: con su pelo blanco, cuando al fin la convencieron de dejar a un lado el imponente tinte negro azabache que acostumbraba a usar. Recuerdo sus pies perfectos... lo más lindos que nunca vi... y su voz quebrada, que añoraba siempre tiempos pasados e hijos lejanos.

Las ultimas veces que la vi, era ella la que no me recordaba. Recordaba a su Emilio en su memoria retrocedida a tiempos de juventud. Recordaba aún a mi padre siendo un niño. Estaba tan pequeña y frágil. Nunca pensé que no la vería más. Pero así somos todos. Vemos la vida que pasa, y no nos damos cuenta de lo valioso que es cada segundo, y más aún, lo que de ese segundo podemos hacer.

Cuando hablé con mi padre al enterarme de la noticia, no supe que decirle. Nosotros, en nuestra familia, no somos muy dados a expresar cada sentimiento que nos aturde, y en este caso las palabras se tropezaban con los recuerdos y se ahogaban en calladas lágrimas de impotencia de no haber estado acá. Y por que se que mi padre y yo en algo nos parecemos, se también que detrás de esa simple tranquilidad, seguramente sus recuerdos estaban tropezándose con los míos y más allá.

Creo que la descripción de un viaje maravilloso queda para después.

Un beso gigante,

Claudia

DELITO DE TRAICIÓN A LA PATRIA

Por Claudia María Castro Valle (claudiacastro@isat2.com )

En el debate acontecido el domingo 14 de agosto, entre los candidatos presidenciales José Manuel Zelaya Rosales del Partido Liberal y Porfirio Lobo Sosa del Partido Nacional, al participar del programa televisivo “30/30” se caracterizó por el mismo intercambio de comentarios ofensivos y falta de propuestas viables y reales. Dentro de todas las necedades expresadas la que quedó resonando potentemente en mi cabeza fue la provocación hecha por Lobo para que se apoyara su propuesta de destituir a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia si estos declaraban inconstitucional el actual artículo 232 del Código Penal, mejor conocida como la “Ley Antimaras”.

El Señor Lobo parece ignorar que estos magistrados están facultados por la Constitución de la República en su artículo 316, donde se deletrean las funciones de la sala de lo constitucional (una de las cuales conforma la Corte en mención).
Además la norma nos explica que “Las sentencias en que se declare la inconstitucionalidad de una norma será de ejecución inmediata y tendrán efectos generales, y por tanto derogarán la norma inconstitucional, debiendo comunicarse al Congreso Nacional, quien la hará publicar en el Diario Oficial La Gaceta”.

Es preocupante repito, porque el Señor Lobo es el representante de uno de los poderes del Estado y esta proposición airada dentro de la demagogia electoral es un concreto atentado contra la estabilidad de otro de estos tres poderes. Claramente la constitución nos explica en su artículo 4 que “La forma de gobierno es republicana, democrática y representativa. Se ejerce por tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, complementarios e independientes y sin relaciones de subordinación. (…)”. Esto quiere simplemente decir que el gobierno es elegido por el pueblo, más específicamente por su mayoría, que aquellos electos deben de actuar en representación de los intereses del pueblo mismo y que la forma de Estado solamente se perfecciona con la existencia de los tres poderes, de los cuales ninguno tiene autoridad sobre el otro, ni admiten intervención alguna de cualquiera de los otros dos tampoco. En el siguiente artículo constitucional se nos sigue explicando sabiamente que el progreso de Honduras está “basado en la estabilidad política y en la conciliación nacional”. En otras palabras, significa que los requisitos sine qua non para salir del subdesarrollo son, primero, que nuestra forma de gobierno se mantenga sin peligro de cambiar, caer o desaparecer; y, que la nación no debe dividirse por ideas o proposiciones opuestas.

El mismo artículo 4 constitucional, que se refiere a la forma de gobierno y a la división tripartita de poderes al que nos referíamos antes, termina diciendo que “La infracción de esta norma constituye delito de traición a la Patria”. Ese delito implica el quebrantamiento alevoso de la Ley atentando contra la seguridad de la patria y del progreso de Honduras. ¿Se merece esto la Patria? ¿No buscamos con cada contienda electoral elegir a los representantes que nos guíen en la ruta del progreso? ¿No queremos salir del subdesarrollo?

lunes, 1 de septiembre de 2008

¿EXPROPIACION PASIVA?

El 27 de Junio de 2005, el Juez de lo Contencioso Administrativo de San Pedro Sula, condenó al Estado de Honduras a indemnizar al Señor Nicandro Raynel Padilla Martínez la cantidad de L. 5,209,000.00, por considerar que la Administración había expropiado pasivamente a éste de su propiedad, ubicada en las cercanías de Sonaguera, Departamento de Colón. Después de apelar fracasadamente la decisión, se interpuso recurso de Casación ante la Corte Suprema de Justicia, el cual fue declarado sin lugar en noviembre de 2006.
La Gerencia de COHDEFOR se formulaba en Julio de 2007 las siguientes preguntas: ¿Cómo puede hablarse de expropiación cuando parte de la propiedad esta fuera de los límites de la micro- cuenca?¿Cómo puede hablarse de que hubo una expropiación el año 2001 si la propiedad siguió siendo utilizada y sigue titulada a favor del Sr. Nicandro Padilla? Asumo que sus cuestionamientos implicaban que consideraba errónea la decisión judicial, como la considero yo.
Las preguntas arriba planteadas son fáciles de responder, y por lo tanto es fácil de deducir también el error de la resolución judicial- aplicando los principios del Derecho Ambiental, y entendiendo la evolución histórica de la propiedad.
El Derecho a la Protección del Ambiente es un Derecho Humano de tercera generación. Esto implica que no se refiere a derechos civiles y políticos, dirigidos a proteger la libertad, seguridad, propiedad, integridad física y moral de los individuos (derechos de primera generación); ni a derechos sociales, económicos ni culturales, que pretenden el desarrollo de la persona como ser social en igualdad de condiciones que sus congéneres (derechos de segunda generación); sino que recoge diversos aspectos de la vida del hombre en sociedad que ya se encuentran legislados por los derechos de primera y segunda generación pero que es necesario abordar de una manera diferente, para solucionar una serie de conflictos jurídicos que hasta su aparición no habían sido resueltos. De ahí que se denominen los de tercera generación, derechos de síntesis. Nacen para corregir las grandes injusticias que sufre la humanidad, considerándose por lo tanto civilizatorios o civilizadores. Este derecho es regulado por el Derecho Ambiental, una disciplina jurídica omnicomprensiva que regula las conductas humanas que pueden influir relevantemente en la interacción existente entre los sistemas naturales, causando un desequilibrio ecológico.
El Derecho Ambiental surge en el escenario internacional con la Cumbre de Estocolmo en 1972, donde se suscribe la Declaración sobre Medio Ambiente Humano. En la actualidad, Honduras ha ratificado más de 48 convenios y tratados internacionales en materia ambiental y cuenta con más de 50 leyes y reglamentos que tiene consideraciones ambientales, además de la Ley General del Ambiente vigente. Dicha normativa tiene como objeto prevenir la alteración del equilibrio ecológico que pueda ser causada por el consumismo imperante, la falta de planificación o la explotación indiscriminada de recursos, sin querer con esto, obstaculizar el desarrollo económico y social. De ahí que uno de los principios que informe al derecho Ambiental sea el del Desarrollo Sustentable, el cual se basa en dos ejes: fomentar el desarrollo y el progreso social, preservando el medio ambiente y el sistema natural. El Desarrollo Sustentable busca satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades.
Otros principios que informan a esta rama jurídica son el Preventivo y el Precautorio. El primero implica que el Estado de Honduras debe tomar todas las precauciones necesarias para no generar las causas de posibles problemas ambientales a través de acciones preventivas y correctivas. Supone que dentro de sus políticas públicas, habrá preferencia para aquellas de gestión ambiental que reduce las posibilidades de contaminación aún antes de que ésta ocurra, pues prevenir es más barato que reparar. El mecanismo idóneo con el que cuenta el Estado es la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) que implementa SERNA, ya que a través de métodos científicos es posible medir los riesgos ambientales y recomendar las medidas adecuadas para su manejo. El principio Precautorio establece que ante cualquier duda técnica o científica sobre la calidad contaminante de cualquier actividad, existe la obligación para el actor de probar que puede garantizar todas las medidas de mitigación. La obligación nace de la incapacidad actual de la ciencia y la técnica para determinar ciertos riesgos de contaminación con suficiente certeza, aún y cuando los efectos potencialmente peligrosos hayan sido identificados. Con ello, se pretende anticipar y evitar daños ambientales antes de que estos ocurran.
Ahora, sobre la evolución histórica del derecho de propiedad, debemos empezar por hablar sobre la concepción unívoca o monista que existe desde el derecho romano, que la reconoce como un derecho real pleno e ilimitado, por el que el hombre ejerce un poder de imperio sobre sus bienes. Este concepto se vio fortalecido con la Revolución Francesa, incorporándose jurídicamente en el Código Napoleónico de 1804. Persistió hasta principios del siglo XX como parte de la estructura del Estado Liberal que se caracterizó por ser la cuna del Capitalismo, las desigualdades sociales y la explotación del hombre por el hombre. Como respuesta al Estado Liberal, aparece el concepto del Estado Social o Derecho, cuyos principios se ven reivindicados en las constituciones de Querétaro de 1917, de la República Socialista Federal Rusa de 1918 y la de Weimar de 1919. Estas constituciones son las primeras en incorporar los derechos de segunda generación antes descritos, tal como los contiene nuestra Carta Magna.
Aparece en este contexto del Estado Social o de Derecho, con relación a la propiedad, una concepción pluralista, por medio de la cual ese derecho de dominio pleno e ilimitado se ve restringido en razón de su destino, asignándole una función social, por la que el propietario ya no sólo tiene derechos sobre sus bienes, sino que se le confieren obligaciones para poder disfrutarlos. De hecho, la Constitución Hondureña, establece en su artículo 61 que “garantiza a los hondureños y extranjeros residentes en el país, el derecho a la inviolabilidad de la vida, a la seguridad individual, a la libertad, a la igualdad ante la ley y a la propiedad”, y en el 103, que “el Estado reconoce, fomenta y garantiza la existencia de la propiedad privada en su más amplio concepto de función social y sin más limitaciones que aquellas que por motivos de necesidad o de interés publico establezca la ley”. Y va más lejos aún, asegurando en el siguiente artículo (104) que “el derecho de la propiedad no perjudica el dominio eminente del Estado”. La función social de la propiedad se refiere a la utilidad social que esta tenga y a su naturaleza productiva.
Esa nueva forma de entender dicha institución es lo que desencadena la existencia de formas especiales de propiedad, porque empiezan no sólo a ser vitales para garantizar derechos sociales, sino que los económicos también. Nuestra constitución reconoce esa realidad al afirmar en su artículo 330 que “la economía nacional se sustenta en la coexistencia democrática y armónica de diversas formas de propiedad y de empresa”. La propiedad agraria, la propiedad intelectual, la propiedad urbanística, son de esas formas especiales. La propiedad agraria, por ejemplo, le otorga al fundo, en relación a su naturaleza, una característica adicional, que es la productiva; y sustenta el derecho de dominio que tiene el propietario, sobre su obligación de ejercer continuamente una explotación económica, efectiva y racional del fundo, siendo posible la expropiación cuando las tierras se mantienen ociosas. Es así como, limitando el derecho de dominio, la propiedad agraria cumple con sus funciones económica y social. La propiedad urbanística también implica limitaciones al ejercicio del derecho de dominio, pues clasifica los fundos como rurales, urbanos, industriales, etc. de acuerdo a las políticas de ordenamiento territorial. Limita el ejercicio de la propiedad en tanto impone una serie de servidumbres prediales/vecinales y restringe los fundos a usos determinados de carácter obligatorio.
Con el reconocimiento del Estado de Honduras del derecho a la protección del ambiente, supone que ahora la propiedad no tiene solamente una función económica y social, sino que también una función ambiental. Esto significa que se impondrán restricciones al ejercicio del derecho de propiedad para asegurar la conservación, protección y explotación racional de los recursos, tanto para beneficio de sus propietarios, como de la sociedad en general, para el disfrute de las generaciones presentes y futuras. ¿Y cuáles son esos beneficios? Pues los servicios que brindan los ecosistemas existentes en esos predios. Dicha función implica que hay limitaciones al derecho real de dominio sobre aquellos fundos donde haya ecosistemas que proteger, ya sea para la investigación científica o para la extracción de recursos naturales en forma sostenible, teniendo siempre como prioridad que cualquier forma de explotación permita la regeneración de los elementos ambientales de forma natural.
Dentro de esta forma de propiedad encontramos la propiedad forestal, que impone limitantes sobre el ejercicio del dominio a aquellos terrenos con aptitud forestal destinándolos para dos usos exclusivamente: la total protección de los recursos en ellos existente, o a la extracción de especies maderables a través de planes de manejo. Igual que para los demás tipos de propiedad, estás limitaciones están impuestas por la ley; pero jamás podrán considerarse expropiación, y por lo tanto el Estado no tiene obligación de indemnizar el justiprecio de dichos fundos, pues no se está privando a nadie de su derecho de propiedad, como lo enuncia el artículo 106 constitucional. Simplemente se imponen restricciones necesarias, sustentadas en derecho, que permitan que los fundos cumplan con su función ahora sí que social, económica y ambiental. Tan es así que en muchas comunidades de Honduras, para poder cumplir a cabalidad con esas tres dimensiones de la propiedad se están implementando ya programas de pago por servicios ambientales, que consisten en una compensación directa que se paga a los pobladores de dichas zonas, por los servicios ambientales que se proveen. Entre dichos servicios tenemos: actividades de protección a los recursos hídricos, a la biodiversidad, a la belleza escénica, de turismo ecológico y de secuestro de carbono.
Entonces para responder las preguntas del Gerente de COHDEFOR, no se puede hablar de expropiación, nunca la hubo. Lo que hubo fue la imposición de restricciones al derecho de propiedad que el Señor Padilla ejerce sobre su fundo. Restricciones de índole ambiental, que no son diferentes a las que puede imponer la reforma agraria, los planes de ordenamiento territorial, etc., y que de hecho están contempladas en el texto constitucional, pues ya en el artículo 354 señala que “el Estado se reserva la potestad de establecer o modificar la demarcación de las zonas de control y protección de los recursos naturales en el territorio nacional”. El problema está en asumir que dichas limitaciones conculcan el derecho de propiedad el Señor Padilla, en lugar de entender que lo que se pretende es conservar una fuente de agua a través de esa Declaratoria de Micro-cuenca, para el disfrute de los pobladores de esa zona en el presente, y también para asegurar el disfrute de ese recurso hídrico por las futuras generaciones. Eso es lo que entendemos como Desarrollo Sustentable, esa es la función del Derecho Ambiental, eso conlleva la garantía constitucional de protección al medio ambiente establecida en el artículo 145.
Los grandes problemas son que la protección del ambiente es un interés difuso, cuya alteración parece no afectar directamente el patrimonio de nadie, y del Derecho Ambiental no cuenta con su propia jurisdicción, tendiéndose que dirimir este tipo de conflictos por la vía penal, civil, -o como en esta circunstancia- administrativa. Y al parecer ni los jueces (ni los magistrados) conocen aún todavía las dimensiones de ésta rama jurídica ni los principios que la informan. No es posible que la ley siga siendo aplicada de forma mecánica, sin comprender cómo esta ha evolucionado, los principios que la informan. No es posible que se desconozca la trascendencia que la ignorancia impertérrita de los operadores de justicia, haciendo que barbaridades como ésta sucedan y pongan en peligro el derecho que tenemos todos los hondureños de que los recursos naturales de nuestra tierra, siendo como son, elementos ambientales, corran el riesgo de ser indiscriminadamente explotados o contaminados, impidiendo que puedan ser gozados por las generaciones presentes y futuras.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Oleo de mujer con sombrero

Una mujer se ha perdido
conocer el delirio y el polvo,
se ha perdido esta bella locura,
su breve cintura
debajo de mí.
Se ha perdido mi forma de amar,
se ha perdido mi huella en su mar.

Veo una luz que vacila
y promete dejarnos a oscuras.
Veo un perro ladrando a la luna
con otra figura
que recuerda a mí.
Veo más: veo que no me halló.
Veo más: veo que se perdió.

La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias,
se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar.

Una mujer innombrable
huye como una gaviota
y yo rápido seco mis botas,
blasfemo una nota
y apago el reloj.
Que me tenga cuidado el amor,
que le puedo cantar su canción.

Una mujer con sombrero,
como un cuadro del viejo Chagall,
corrompiéndose al centro del miedo
y yo, que no soy bueno,
me puse a llorar.
Pero entonces lloraba por mí,
y ahora lloro por verla morir.

(Silvio Rodríguez, 1970)

viernes, 18 de abril de 2008

Te digo adiós y acaso te quiero todavía.
Quizás no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No sé si me quisiste...no sé si te quería...
O tal vez nos quisimos demasiado los dos...

Este cariño triste, y apasionado, y loco
me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho... no sé si te amé poco;
Pero si sé que nunca volveré amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo
Y el corazón me dice que no te olvidaré:
Pero al quedarme solo, sabiendo que te pierdo
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós, y acaso, con ésta despedida
mi más hermoso sueño muere dentro de mí...
Pero te digo adiós, para toda la vida,
Aunque toda la vida siga pensando en tí.

Juan Angel Buesa (Cubano)

miércoles, 12 de marzo de 2008

del viento y nuestra despedida

estás a mi lado mirándome toda
sin saber si me respiras o me delatas.
tu medio vestido, yo medio cubierta.
es el hábito de amarnos por ahora,
a destiempo, sin ayer y sin mañana.

caminás descalzo por la pieza vacía
sin saber que hacer o en donde dejarme.
yo medio dormida, tu medio muriendo.
el viento soplando del mar hacia adentro,
trayendo recuerdos de noches y días.

mi despedida concluye con un beso
rozando tu hombro al tiempo de irme.
tu medio llorando, yo apenas riendo.
mañana ya el viento habrá puesto nombre
de ayer a este ardor... así es el viento.

martes, 11 de marzo de 2008

La Genealogía

¿Se acuerdan Ustedes de la saga de los Buendía que inicia con Ursula y Arcadio, y se extiende por cien años hasta culminar con el hijo de Amaranta Ursula y el último José Arcadio? ¿Aquel de la cola de cerdo? ¿Se acuerdan Ustedes de Jacob y sus doce hijos, que después se convertirían en Israel y sus doce tribus, tal y como se describen en el Pentateuco? ¿Quién no ha oído de los linajes reales europeos tales como los Habsburgo, los Orange Nassau, los Borbón, los Grimaldi, y sus enfermedades congénitas como la hemofilia?
Supongo que será difícil hallar la relación entre los temas que les he señalado, pero se encuentran estrechamente unidos, aunque no lo parezca. Los une una práctica que tiene orígenes inmemoriales; una ciencia que ha acompañado al hombre aún antes de la misma historia, tal y como la conocemos ahora, y que es tan antigua como el concepto de familia –nació con ella-. Nació de esa búsqueda del Adán común, como una necesidad de determinar la identidad individual como parte de un colectivo, como parte de una tradición.
Ampliamente, genealogía, además de listas de nombres de antepasados de una persona, es la ciencia que permite el conocimiento de la familia, considerada como un conjunto de personas integradas en diferentes generaciones.
La genealogía es una constante adosada a la historia de los pueblos. Es verdad que en sus orígenes se limitaba al recitado de sucesiones de nombres de padres e hijos en una cadena biológica, discursos de los que queda constancia en la Biblia, por ejemplo, y que se practicaban ritualmente por los hebreos que enseñaban de memoria a los niños las generaciones que les habían precedido, pero no la encontremos no solo en la historia hebrea, sino que en todos los pueblos de la antigüedad como hecho fundamental, no sólo para regular los derechos meramente privados y familiares, sino para gozar de los mismos derechos públicos, como eran los cargos religiosos y militares de las tribus, y con mayor razón para el de jefe de ella, sobre todo desde que esta jefatura se hizo hereditaria, convirtiéndose en monarquía.
La medida de la importancia que el Pueblo Hebreo daba a la Genealogía la podemos percibir con sólo considerar que once capítulos del Génesis, que comprenden dos mil años y nos llevan desde Adán hasta Abraham, lo llenan los demás pueblos de la tierra con infinidad de dioses y leyendas.
En Egipto, nos permitió conocer sus Dinastías, de las que se cuentan hasta treinta y dos, que llenan 3.300 años de historia. La última dinastía fue la de los Ptolomeos, que tuvo fin con la célebre Cleopatra.
Los romanos muestran su interés genealógico en lo jurídico y en lo social. En el Derecho son muchas las instituciones en que interviene el parentesco. En lo social, la población de los primeros tiempos se divide en dos clases: patricios y plebeyos; los primeros se agrupan en diez curias, formadas por diez gens -parentelas o linajes- cada una. Rómulo, fundador de Roma, procedía de la gens Julia, cuyo origen está en Julo, hijo de Aeneas. El jefe de la gens extiende su autoridad sobre todos los miembros del linaje, del mismo modo que el pater familiae la tiene absoluta sobre todos los que viven en la casa.
En épocas posteriores la Genealogía decae, pues los hombres se identifican ya más por su nombre y apellido, el nomen gentilitium de los romanos, aplicado en casi todos los pueblos. Ya no hacía falta, decir quién era el padre, el abuelo, el bisabuelo, etc. Aunque si observamos la ley que regía la formación de los apellidos patronímicos, hemos de reconocer que en ellos, en forma comprimida, se nos da una corta genealogía que se logra continuar por varias generaciones; así, Pedro Ruiz era tanto como decir "Pedro hijo de Rodrigo", y si al padre de éste se le conocía por Rui Díaz, en definitiva se venía a saber cómo aquél era "Pedro hijo de Rodrigo y nieto de Diego". Pero lo que no cabe duda es que el uso del nombre y apellido, generalizado por completo en la Edad Media, hizo a la genealogía más precisa.
En tiempos más cercanos a nosotros, en los albores de la Edad Moderna, la Genealogía comienza a desarrollarse sobre bases más ciertas, ya que desde finales del siglo XV, y más extensamente en el XVI, se puede hacer constar con fechas exactas los actos principales de la vida de los descendientes de un linaje. Debemos a la Iglesia este avance; es en los libros sacramentales de bautismo, casamiento y defunción, que como obligatorios dispone llevar el Concilio de Trento, donde se toma razón de estos actos.
En la actualidad
La Genealogía ya no se limita a ser una ciencia auxiliar de la Historia, porque hoy es ya piedra fundamental de muchas ciencias, entre ellas de la Estadística, de la Biología, de la Genética, de la Medicina, de la Zoología, de la Botánica, del Derecho y hasta de ciertas partes de las ciencias exactas. Las relaciones de la genealogía con la matemática y la estadística son muy numerosas. Por ejemplo: el asunto de los sistemas de numeración de los ascendientes que, por constituir en principio una progresión geométrica.

¿Puede el mundo de las leyes prescindir de la genealogía? No sólo los civilistas y los canonistas deben manejar sus conceptos con soltura. Las regulaciones familiares de ambas disciplinas abarcan el nombre, el estado civil y la adquisición de derechos ciudadanos, las relaciones paterno-filiales, las matrimoniales, el divorcio, la nulidad matrimonial, la regulación de las parejas de hecho, la paternidad biológica y la adoptiva, la tutela y la curatela, el fallecimiento y la herencia.
Los penalistas han de conocer los grados de parentesco entre los autores y las víctimas de los delitos de abusos sexuales, de parricidio o de otras muchas figuras delictivas en las que las relaciones paternas pueden actuar como eximentes, atenuantes o agravantes, según los casos.

Para hacer la genealogía de un linaje cualquiera, que normalmente es factible hasta la 11ª generación, es preciso seguir un método racional ya que sus miembros pasan de un millar.
A la hora de hacer un árbol familiar todos nos hacemos la misma pregunta ¿por donde empiezo? Pues yo voy a dar unos consejos prácticos para comenzar en el difícil trabajo de hacer un árbol de familia:
- El primer paso básico es, en caso de vivir familiares mayores, sacarles la mayor cantidad de información posible. Son la mejor fuente y la más directa a la hora de obtener datos de la familia, con la información que les den pueden obtener datos de cómo mínimo cinco generaciones.
- El segundo paso ligado al anterior es buscar en los papeles conservados en la familia la mayor cantidad de datos posibles. Pueden encontrar en los sitios más insospechados y en el documento menos pensado datos de enorme valor. Hace algunos meses –por ejemplo- yo conseguí todas las cartas que se intercambiaron mis abuelos maternos los últimos meses antes de su boda, ya que me abuela residía en Guatemala y mi abuelo estudiaba su especialización en Costa Rica. Leer esos documentos tan personales, tan íntimos, me permitió echar de ver aspectos de sus personalidades que no había tenido la oportunidad de conocer. Me permitió corroborar la inmensa riqueza personal que cada individuo tiene en su interior, y a entender que nos parecemos unos con otros, más de lo que creemos. Fue un viaje increíble conocer los pensamientos cotidianos de dos enamorados que vislumbraban un futuro, una vida compartida; y poder evaluar hasta donde todas esas ilusiones se vieron concretadas.
- Posteriormente ya se vuelve necesario hacer investigaciones de campo, revisando registros, publicaciones, etc.

La genealogía –tal como se los comenté al principio- es uno de los pasatiempos más interesantes y menos practicados en este país. Es una forma entretenida de conectar a las personas con sus familias, a éstas con sus historias y con otras familias.
En mi caso, el proyecto de conocer mis raíces lleva intermitentemente más de una década, pero ha sido hasta este último año cuando se volvió un ejercicio serio y disciplinado, que me ha permitido conectar a más de mil personas en un período de casi trescientos años.
Así, voy armando a pedacitos la historia de una familia formada por inmigrantes franceses, escoceses, españoles, mexicanos, salvadoreños y guatemaltecos, con mezclas raciales que van desde el blanco centroeuropeo, pasando por el blanco anglosajón, el judío sefardí, el lenca nativo, el negro liberto y, por su puesto, el español peninsular. Donde se conjunta una pléyade socio-cultural que incluye: condes y barones de rancio abolengo; campesinos mestizos; matronas matriarcales; presidentes, ministros y magistrados; profesionales luchadores y funcionarios clericales. Y así se cuentan historias negras de intrigas políticas, incestos, exilios, demencias y embrujos; superadas por las otras, las de héroes patrios, poetas, escritores, revolucionarios, mujeres progresistas, trabajadores honrados y una identidad familiar que con el tiempo se mantiene incólume y privilegiada.

Es tiempo de colaborar a construir parte de la historia de país, conociendo la historia familiar. Y no se mal entienda como una necesidad de destacar o segregarse. Es, más bien, un viaje de auto-descubrimiento que nos permite saber quienes somos, de donde venimos y cuales son nuestras posibilidades.

sábado, 8 de marzo de 2008

Estimado Licenciado Cálix (o de la Integración Centroamericana)

Estimado Licenciado Cálix,
Analizar la actitud de nuestros políticos ante los problemas actuales comparándolos con los grandes hombres que forjaron la patria hondureña y que mantuvieron vivo el ideal de la unión centroamericana me parece un error crónico y genético, en tanto las condiciones actuales de nuestro país distan inconmensurablemente de aquellas post-independencia, así como son diferentes las formas en que los representantes del pueblo en los tres poderes del Estado han llegado a dichas posiciones de poder. Tampoco me parece prudente señalar que las ventajas competitivas que el Tratado de Libre Comercio ofrece a estos países en un mundo de economías globalizadas, atentan a la consecución de dicho ideal.
Me parece que el análisis debe ir más a fondo, e indicarnos por qué es que Usted considera pertinente que los países del área continúen el proceso de integración actual (pues éste existe) y por qué dicha integración –que actualmente está en la etapa de la apertura de fronteras y unión comercial- debe acelerarse para convertirse en una integración políticamente vinculante que nos lleve a conformar una suerte de federación.
Adelantándome a los comentarios que quisiera leer de su parte, quisiera compartir con el lector algunas posiciones personales al respecto.
Ricardo Jiménez Oreamuno, juristas y estadistas costarricense, dijo en relación con el tema de la unión centroamericana que "para resolver con acierto asunto de tan largo alcance y de tan enormes consecuencias, no debemos inspirarnos en la magia simpática y atrayente de teorías deslumbradoras. Antes que esto habremos de estudiar las condiciones físicas, políticas, económicas y sociales de los organismos que tratan de informar uno nuevo... es indispensable que exista homogeneidad en estos, más o menos perfecta. De lo contrario, la lucha interna; y con la lucha el desconcierto, el descrédito y el atraso... si se prescinde de las fatales consecuencias de una guerra exterior, hoy los vínculos políticos poco significan en las aspiraciones de los pueblos, y sí mucho, muchísimo, los que enlazan y armonizan los intereses económicos y sociales de los mismos." Desde mi posición, el Señor Jiménez Oreamuno está en lo correcto: antes de involucrarnos en ideales románticos de antaño y posiblemente anacrónicos, es necesario evaluar las ventajas reales que una unión de éste tipo importaría para nuestro país, no solo económicamente, sino sobretodo desde el ámbito social. Desde que las provincias centroamericanas se desvincularon para convertirse en Estados totalmente independientes cada uno del otro, aunque muchas similitudes se mantienen, también es cierto que han crecido en algunos ámbitos en direcciones opuestas.
Si hacemos el análisis desde el costo que las administraciones públicas reflejan en los presupuestos nacionales, podríamos creer que una sola administración obligatoriamente nos llevaría a una reducción sustancial del costos burocrático, pero desde mi perspectiva esto no es cierto, pues cada estado requeriría tener un aparato administrativo de más o menos el mismo tamaño que ahora tiene, adicionando a estos, las autoridades federativas que comprenderían la administración de la unión.
Otro obstáculo que no debemos ignorar es el proceso mismo que debería de implementarse para conseguir dicha unificación política. ¿Estaremos en la capacidad de desarrollar un plan de integración al estilo europeo, en el que a través de avances monitoreados de convergencia de las políticas macroeconómicas de sus miembros lograron que los países participantes alcanzaran estándares más o menos equitativos de desarrollo para permitir la integración económica de estos, cuándo no hemos sido capaces aún de crear verdaderos planes de país que garanticen un crecimiento económico acelerado pero justamente distribuido que nos permita salir poco a poco del subdesarrollo en condiciones solidarias para todos los habitantes de cada uno de estos pequeños países? ¿Qué hacemos con nuestras balanzas comerciales deficitarias, que al adicionarse significarían un déficit aún más difícil de remontar? ¿Cómo haríamos para integrar nuestras instituciones si en cada uno de los países del área las burocracias son constantemente señaladas por ser corruptas y manipuladas por los grupos de poder? Hasta eso, ¿cómo integraremos los grupos de poder político que no están dispuestos a ceder un pedacito de su feudo en aras de un ideal sublime?
La fortaleza económica que suponen muchos conllevaría esta unión no ha necesitado de la vinculación política, pues es precisamente a través de una serie de tratados regionales de comercio, que estos países han logrado abrir sus fronteras y librar obstáculos arancelarios, que les permiten desarrollarse desde la inversión casi como un único estado. Los presidentes de Centroamérica ya desde hace más de diez años, con la Declaración de Nicaragua afirmaron estar dispuestos a avanzar de una integración económica a una política: "Aspiramos a una Patria Grande, democrática y equitativa, próspera y tolerante, competitiva y solidaria, cuyo desarrollo supone la expresión de una voluntad política permanente". Sin embargo esa integración económica aún o se concreta del todo. Algunos académicos vienen señalando que la forma más fácil de acelerar un proceso de verdadera integración económica es a través de dolarización, pero hasta ahora solo Panamá y El Salvador se han sumergido en esa aventura, y los resultados son lo suficientemente disimiles en cada país como para no poder aventurarnos a imaginar lo que significaría en cada una de las demás economías centroamericanas. No obstante, es precisamente a través del Tratado de Libre Comercio con estados Unidos que realmente tenemos una oportunidad unificadora real, pues a través de este arreglo comercial es que podemos presentarnos no solo ante los Estados Unidos de Norte América, sino ante otros potenciales socios comerciales, como una región compacta, unificada.
Pero las preguntas que deben enmarcar el deseo vehemente de la unión política centroamericana son: ¿Hasta dónde la llevaríamos? ¿Pretendemos convertir a Centroamérica en un solo Estado, o nos conformaremos con homologar muchas políticas que nos permitan presentarnos en un frente unido ante nuestros socios comerciales? ¿Traspasaremos nuestras consabidas soberanías en pro de la patria grande, o haremos unas pocas modificaciones que ayuden a consolidar la integración económica que estamos construyendo? ¿Hemos iniciado procesos de socialización que nos permitan entender si la vasta mayoría de los centroamericanos apoyan una iniciativa de esta envergadura? ¿Incluiremos a los nuevos miembros de la región: Panamá, Belice y -por qué no- República Dominicana? ¿Estaremos en la capacidad de fortalecer nuestras instituciones políticas para asegurar que cualquiera que sea la modalidad en la que se base la integración política sea verdaderamente democrática? ¿Podremos construir una verdadera identidad centroamericana, cuando tenemos dificultades para construir las identidades nacionales? ¿Cuáles son los principios básicos que regirán ese proceso?
Yo iniciaría por contestar estas preguntas desde los procesos históricos y hasta ahora la historia misma nos señala que nunca estuvimos preparados y que aún no lo estamos. No hacemos nada con ponernos una fecha como la propuesta por usted del 2021 para culminar un proceso de unión política regional. Primero debemos de resolver muchos de los problemas estructurales que nos acechan para poder después comenzar a pensar en la posibilidad de amarrarnos (en condiciones de igualdad y verdadera integración) con otros estados que deberán además hacer su propia tarea en éste aspecto. De lo contrario no creo que su propuesta tenga algún eco enraizado en la realidad. Sin embargo, como dije antes, espero leer los análisis de fondo que Usted ha hecho para tan vehemente exigir a los políticos de turno se lleve a cabo ésta unión.
Atentamente,
Claudia María castro Valle

jueves, 6 de marzo de 2008

PARA HABLAR DE UN PLAN DE PAIS

Hace unos meses, leí un manifiesto circulado por uno de esos políticos de cafetín, en el que nos decía que era necesario construir un plan de país, y que en esta sociedad fragmentada, era necesaria la unidad y la cohesión para poder salir adelante. No se cual era su intención verdadera, pues entiendo que pertenece al partido que está en el poder, por lo que hubiera esperado, que considerara la propuesta del Presidente Zelaya, como un plan de país valedero. Después de esas cavilaciones, me apresté a analizar concienzudamente dicha invitación. Sin embargo adquirió –para mí- carácter de pasquín, en tanto utilizaba frases panfletarias y conceptos desahuciados para conformarla. Al respecto me gustaría hacer los siguientes comentarios.

Cuando hablamos de un plan de país, hablamos de un modelo sistemático que debe regir la vida pública de un Estado, que se elabora anticipadamente para dirigirlo y encauzarlo. Eso significa que para redactar un documento contentivo de un Plan de País, previamente se debe haber elaborado un arquetipo o punto de referencia para imitarlo o reproducirlo. Un modelo original y primario. Un modelo “ideal”. Este modelo deberá ajustarse a un conjunto de reglas o principios éticos y políticos racionalmente enlazados entre sí, que permitan a los hondureños en un futuro mediato realizar actos libres y conscientes con trascendencia para la sociedad y las instituciones de gobierno, con el fin de encaminarlo en su intención última. El meollo del asunto es en este caso, poder definir cual es el objetivo final del Estado Hondureño, es decir, su intención última. El artículo 1 de la constitución nos da algunas luces al respecto señalando que “Honduras es un Estado de derecho, soberano, constituido como república libre, democrática e independiente para asegurar a sus habitantes el goce de la justicia, la libertad, la cultura y el bienestar económico y social”.
Conociendo el propósito del Estado de Honduras, y con miras a poder definir un plan de país, primero debería poder hacerse un ejercicio filosófico profundo que nos permita tener un consenso general de los conceptos de comunes de justicia, libertad, bienestar. Esto de por sí es una labor epopéyica que dilataría más de una generación en condiciones tan disímiles como las que ostenta la población hondureña. Imagínense a la colectividad argumentando sobre si la justicia se refiere a una cualidad distributiva de las pretensiones individuales, a la libertad contractual, a la igualdad social, al bienestar colectivo o a la equidad. En fin, un ejercicio utópico. Tampoco contamos con suficientes académicos como para delegar en ellos dicha tarea.
¿Y después qué? ¿Cómo daríamos forma a ese arquetipo necesario que sería la referencia futura, ese plan de país?
Es ahora cuando en este análisis se vuelve pertinente analizar si la fragmentación perjudica un posible proceso de concepción de un plan de país, y si la cohesión y la unidad social son posibles respuestas.
Al hablar de una sociedad fragmentada –el cual es un concepto sociopolítico y no ético- normalmente nos referimos a una sociedad en discriminación, en la que ciertos grupos permanecen aislados de otros en tanto en tanto los vamos diferenciando bajo los conceptos clásicos de las minorías. Normalmente este impulso fragmentador corresponde a las clases dominantes, que como estrategia buscan dividir y aislar a grupos específicos para posteriormente enfrentarlos en tanto ellos mismos consideran sus interés y posiciones propias como irreconciliables con los de las demás “minorías”. La fragmentación social obedece a tácticas de control utilizadas en relaciones de poder por los grupos dominantes, aunque estos sean realmente la “minoría” poblacional –al menos cuantitativa- para evitar el consenso masivo entre los demás grupos, que pueda obstaculizar sus pretensiones. Es por eso que se criminaliza la pobreza, la juventud, etc. Interesante aportación a estas ideas es la lucha frontal que el gobierno de Maduro hizo a las maras y pandillas.

Sin embargo, es necesario entender que una sociedad fragmentada es muy propia de las democracias incipientes y formalistas en las que la verdadera participación ciudadana no es un concepto transversal y ampliamente practicado, ya que se estructuran en procesos cerrados, cuya máxima manifestación es la elección, en lugar de serlo la ciudadanía activa. En estas democracias cerradas, los movimientos sociales son mal vistos, ya que pueden minar las trincheras de los poderosos que no están dispuestos a ceder ni un ápice de sus reinos oligárquicos.

Siendo más breves, al hablar de cohesión nos referimos a la acción y efecto de reunirse o adherirse las cosas entre sí o la materia de que están formadas. Entiéndase adosarse, entiéndase adjuntarse. Bajo esta perspectiva, la cohesión no implica mejora cualitativa de las condiciones sociales de una comunidad. Simplemente significa que aquellos que antes estaban separados, ahora estarán juntos. Igualmente, al hablar de unidad, nos referimos a la propiedad de todo ser, en virtud de la cual no puede dividirse sin que su esencia se destruya o altere. Quiere decir, que si la sociedad hondureña fuera una unidad, no habría espacio para el disenso ni para el conflicto constructivo. Todos seríamos una suerte de borregos. Imagínese, yo tendría que estar de acuerdo con Usted, y Usted indefectiblemente conmigo ¿Podría?

Hasta aquí, para mí, queda claro que la fragmentación social debilita al Estado en tanto imposibilita una postura común, conciliadora, frente a las soluciones necesarias para salir del subdesarrollo, más de valores que económico; pero la cohesión y la unidad tampoco son el camino, pues si ya somos una sociedad fácilmente manipulada, maleable, explotada….esas condiciones simplemente nos predispondrían aún más a ser utilizados por los grupos de poder que siempre se han servido de sus conciudadanos.

Sin embargo, los constituyentes del 82 tuvieron la argucia necesaria para dejarnos señas de posibles rumbos a seguir, y en el artículo 5 constitucional nos dicen que “El gobierno debe sustentarse en el principio de la democracia participativa del cual se deriva la integración nacional, que implica participación de todos los sectores políticos en la administración pública a fin de asegurar y fortalecer el progreso de Honduras basado en la estabilidad política y en la conciliación nacional”. Si hiciéramos caso a los constituyentes, significaría que antes de poder hacer un plan de país, tendríamos que modificar muchas de las estructuras gobernativas que nos caracterizan y tendríamos que dejar las construcciones representativas que han determinado a Honduras desde 1982.

Significaría que deberíamos de luchar por evitar se cancelen las incipientes reformas a la Ley Electoral, y se luche más bien por reformas más profundas por las que tanto diputados como regidores municipales sean electos por distritos y puedan participar sin muchos obstáculos burocráticos candidatos en fórmulas independientes. Incluye la no postulación del Presidente del Congreso Nacional a la Presidencia de la República. Significaría también que el plebiscito y el referéndum debieran ser ejercitados constantemente para dilucidar situaciones de interés nacional. La ciudadanía podría haber refrendado así la licitación de los combustibles -por ejemplo- y nos hubiéramos ahorrado interminables culebrones de intriga entre uno y otro bando. Significaría que las instituciones representativas como los partidos políticos y el Congreso Nacional se tendrían que convertir en verdaderas panaceas de la democracia, donde las oligarquías, el poder económico y los intereses de grupo no pudieran tener cabida. Dado este paso, tendríamos ya nuestro arquetipo, nuestro referente para la construcción de un plan de país.
Verter conceptos tan superficiales a veces puede ser perjudicial, aún y cuando aparezcan cargados de buena voluntad y sentimentalismos, sobre todo cuando se descontextualizan de su verdadero significado y se presentan como propuestas reales. Para sentar las bases que permitan la construcción de un plan de país, debemos arremangarnos la camisa, apretarnos las fajas y empezar a trabajar por cambios efectivos que permitan que Honduras avance hacia el desarrollo.

miércoles, 5 de marzo de 2008

TIENE RAZON, NO BASTA CON REZAR

Estimado Señor Martínez,

Tiene razón, no basta con rezar, pero tampoco es suficiente con señalar con el dedo a la clase política de este país. Nosotros, el resto de la ciudadanía, debemos hacernos responsables también por el destino de nuestra sociedad, nuestra juventud.

De ahí que quisiera exponerle mis ideas sobre los verdaderos orígenes de la violencia y algunos paliativos, que podrían encaminarse a ser verdaderas soluciones, si demuestran su efectividad.

La violencia, en todas sus expresiones, no es un fenómeno propio de Honduras. Esa idea inicial es necesaria para entender por qué, no sólo la política vernácula es el medio para encontrara soluciones a dicho problema. Es una realidad innegable: en los países de Centroamérica y México se reconoce el agravamiento de la violencia, como fenómeno internacional aunque con expresiones nacionales.

Aunque erróneamente se le ha atribuido a la corrupción, a la pobreza, a la migración ilegal /deportación la paternidad exclusiva del fenómeno, no podemos desconocer la responsabilidad que todos tenemos en la conformación y desarrollo de este fenómeno violento y transnacional, que además es sumamente complejo. Y al hablar de “todos” no me refiero a los actores usuales, sino a cada uno de nosotros.

La sociedad hondureña debe de asumir su responsabilidad en los procesos continuos de exclusión a los menos favorecidos en general, pero en particular a los jóvenes. Estas personas no tienen opciones para mejorar sus condiciones económicas, viven en condiciones precarias donde los servicios públicos más básicos les son negados, no tienen acceso ni a la educación ni a las fuentes de trabajo. También, debe asumir su responsabilidad en relación a la agravada pérdida de valores que nos hemos permitido, dándole prioridad a los desvalores y a lo material, lo que a hecho criminales a muchos que desean tener todo sin mucho esfuerzo aunque eso implique un elevado costo personal y familiar para ellos, y social para todos.

También debemos tomar en cuenta el aspecto cultural. Aunque no lo notemos, vivimos en un ambiente permanentemente violento (basta con ojear los diarios o ver los noticieros) sin que necesariamente esta llegue a convertirse en criminalidad. Esa es la forma en que nos relacionamos: no confiamos en los demás, no tenemos tolerancia ante los que piensan o actúan de formas diferentes a las nuestras y acudimos a la intimidación o la violencia física para resolver nuestras diferencias. Y esta es una actitud aprendida, desde nuestras casas y reforzadas en los sistemas escolares, donde los maestros todavía golpean a los niños para corregirlos, y a los que no se doblegan se les termina expulsando. Hay que agregar ahí otros ingredientes como el número de armas que circulan libremente (sumando las de portación prohibida), y el consumo en aumento de drogas. Solo en Honduras, cada ciudadano mayor de edad tiene derecho a tener en propiedad siete armas; y el portarlas es además un símbolo mal entendido de virilidad y valentía. No podemos desentendernos de lo permisivos que como sociedad hemos sido con los medios de comunicación. Bajo la bandera de la libertad de expresión, hemos permitido que nosotros y nuestros niños seamos constantemente bombardeados con la nota amarilla y la nota roja, con programación deconstructiva e idiotizante: telenovelas, violencia, etc…Qué decir de los problemas intrafamiliares, las familias disfuncionales, que se han caracterizado por abandono y negligencia de uno o ambos padres, maltrato infantil, historia familiar de violencia e incluso movilidad constante del grupo familiar, causante de un sentido permanente de desarraigo. Nos criamos en un ambiente de deslealtad, sumergidos en un ciclo reproductor de ésta: la violencia genera más violencia, donde todos somos a la vez victimas y victimarios.

El desarrollo urbano tampoco ha sido cuidadosamente planificado, y aunque en este aspecto es más evidente la influencia que han podido tener los políticos, o más bien, su falta de influencia, muchos antivalores se generan por el ocio, cuando se ve agravado con la aglomeración, el hacinamiento y la falta de espacios privados y de esparcimiento.

La violencia asociada a las pandillas juveniles, así como el agravamiento de otras expresiones de violencia social, han contribuido a incrementar los niveles de inseguridad en el país. Esta situación ha causado miles de víctimas, y ha demostrado lo parcial del abordaje implementado por los gobiernos de la región, sin que hasta el momento se cuenten con políticas estatales integrales capaces de enfrentarla, a las que se les asignen los recursos verdaderamente necesarios. Es cierto, pero la sociedad no pueda quedarse cruzada de manos esperando a que resulte o no una solución excesivamente paternalista para mi gusto. ¿Entretanto qué hace usted y qué hago yo?

Es posible construir una cultura de paz en Honduras, de que es posible atenuar el fenómeno de la violencia, todo ello si existe verdadera voluntad política de encaminar los esfuerzos y los recursos necesarios. Pero especialmente si los hondureños realmente tenemos la voluntad de hacer cambios en nuestros círculos más inmediatos: nuestra familia, nuestra comunidad. Merecemos todos, un presente con expectativas de futuro.

Todos los representantes gubernamentales de la región, alcaldes municipales, partidos políticos, representantes de organizaciones de sociedad civil, líderes comunitarios, académicos, investigadores, fuerzas policiales, sectores religiosos, medios de comunicación y a la ciudadanía en general, a realizar un giro radical en las políticas adoptadas hasta ahora, a abrir espacios de diálogo reales y eficaces en los que no prevalezcan los prejuicios ideológicos ni las posturas politizadas, a renunciar a actitudes represivas basadas sólo en las consecuencias del problema y no en las causas estructurales del mismo. Es la responsabilidad de todos no permitir que sigamos en esta vorágine de violencia.

lunes, 3 de marzo de 2008

ZAPATERO A SUS ZAPATOS

La Iglesia (Católica) es una institución trasnacional que tiene más de dos mil años de existencia. Después de tanto tiempo, no es posible desestimar el poder y la influencia que ésta puede ejercer sobre una sociedad, donde la mayoría de la población profesa esta fe. De ahí que, inteligentemente, los gobiernos modernos han aprendido a convivir con ella, aunque estemos en vivamos en un Estado laico y liberal. Desestimar su influencia social y su capacidad histórica es un error político importante, que nuestros políticos han aprendido a no cometer, encontrando en la ella muchas veces a un aliado importante. Eso creo que para todos es claro. El problema realmente lo presentan las Iglesias que se autodenominan “cristianas” (como que si la Católica y las tradicionales evangélicas no lo fueran), pues estás, de factura reciente han ido ganando espacios importantes sin contar con un verdadero sustento dogmático y tradicional. Mucho más, cuando los espacios ganados corresponden a su participación directa en los partidos políticos de derecha.
La Iglesia en estos tiempos, se ha ido desvinculando paulatinamente de sus vínculos oligárquicos y se ha convertido en un verdadero contrapeso que ha servido para mantener en la mesa pública de discusión temas tales como la pobreza, la migración, la violencia (especialmente juvenil), la inversión social, etc., respetando en ese proceso la separación Iglesia-Estado y el principio de no-intervención. Si bien debemos entender que la participación de las diversas congregaciones en el ámbito social implica un posicionamiento político, lo que no debemos permitir es que su función social implique participación alguna en la vida partidaria.
Sin embargo, los pastores de estas nuevas “Iglesias” han querido influir, además de la vida espiritual de sus feligreses, en la política vernácula. Ese nuevo posicionamiento de esas iglesias-sectas es la que se vuelve verdaderamente peligrosa, pues al no poder conciliar con sus contrapartes católicas y evangélicas en el ámbito doctrinario-religioso, e inmiscuirse en la política partidaria pueden causar un fraccionamiento social. Aquellos que no profesamos sus creencias vemos en ellos posiciones inconsecuentes y de intolerancia casi irracional con aspectos cotidianos de la vida, ¿Qué pasaría cuando éstas con esos criterios quieran influir en decisiones eminentemente políticas que afecten la gobernabilidad de este pueblo?
Mi abuela, sabiamente, decía siempre “zapatero a sus zapatos”. Si bien es cierto que nuestra Constitución reconoce la libertad de culto, no es menos cierto que dicha libertad debe limitarse a eso, al ámbito religioso, pudiendo admitirse –tal vez- su inmersión en las cuestiones sociales, si queremos reconocer el ámbito público que adquiere la religiosidad, y no limitarlo a la privacidad del individuo. Vivimos en un Estado de Derecho en el que la convivencia social es definida por normas jurídicas. No podemos permitir que esa juridicidad se rompa. No puede anteponerse el dogma religioso, ni siquiera la Biblia, ante las leyes que nos rigen. No podemos regresar en la historia y admitir que nuestro sistema de gobierno retroceda a una “eclesiocracia”. Con esto no significa que los cristianos deben permanecer ajenos al proceso político, significa que cuando están participando de éste, deben hacerlo en su calidad de ciudadanos y no de miembros de una denominación específica, porque el fin del Estado en el bien común y no la imposición de ideas consideradas apropiadas por una minoría. Vivimos en un Estado democrático. Los que nos administran no son ministros de Dios, son funcionarios gubernamentales. Estos no pueden estar controlados por categorías bíblico-religiosas que los limitan en su neutralidad, objetividad y tolerancia. En su accionar debe imperar la libertad y tener como panacea la voluntad del pueblo que los ha elegido. Por su parte, las congregaciones no deben comprometer su labor catequizadora afiliándose a ningún ideario político partidario. ¿Qué pasa con sus seguidores si pertenecen a un partido distinto? Y viceversa, ¿Qué pasa con los miembros de un partido que profesan otra fe?
Si bien es cierto que la política para que realmente sea un proceso democrático debe ser incluyente, pero no puede mezclarse con la religión, pues sus fines son irreconciliables. La política tiene que ver con lo mundano, con lo temporal; la religión supone lo infinito y espiritual. Su participación en la vida política nacional debe limitarse a resaltar la moral, contribuyendo a un desarrollo de valores en nuestra sociedad. Nada más.

domingo, 2 de marzo de 2008

éxtasis

éxtasis

deducirte y entretanto gozarme
ajustan las mitades abiertas de mi.
mirar tus ojos batidos sin requisa
satisfacen la intención de sentir.

tomás con pausa la indulgente codicia
sabiéndome de la cabeza al suelo
en mi tiempo y tuya eterna.
se enlazan sudorosas las manos
en un momento pendiente con tu beso,
obligando a desertar sin transigir
las difusas pretensiones del cuerpo.
tus dedos expertos me conducen
al codiciado camino del éxtasis,
infalible por el destino del sueño,
develándome que sí existe el cielo,
pero jamás eterno, más bien fugaz,
en el estallido vital que brota
ahora, de tu celo en mi celo.